La excelencia educativa desde el aula no se obtiene solamente desde los conocimientos.

¿Hasta dónde llega la responsabilidad de la escuela en el desarrollo de los niños? ¿Forma parte de su misión dotar a estos estudiantes de una base de conocimientos sólida y suficiente? Sin ninguna duda, la respuesta es «sí». ¿Equiparlos con unas normas sociales y unos valores compartidos que les permitan desenvolverse en comunidad? Por supuesto.

Pero, además de estos objetivos, sobre el colegio recae otro desafío fundamental que en ocasiones se pasa por alto: la de identificar y desarrollar el talento de los jóvenes.

Obviamente junto a los padres y familiares.

Los docentes, y las instituciones educacionales en general, no sólo tienen la responsabilidad de trazar la hoja de ruta a sus alumnos construyendo el itinerario hacia el futuro, sino que han de asegurarse también de que lleguen hasta él en su mejor versión posible y aportando los mejores talentos.

Para lograrlo, además de enseñarles materias en modo asignatura y normas de comportamiento y moralidad, deberán observar atentamente a esos alumnos, escucharles, dejarles participar activamente, interaccionar con ellos, conocerles más, y así tratar de encontrar en cada uno de ellos las pistas acerca de su potencial para ayudarles en su desarrollarlo.

¿Cómo se puede lograr ese plus desde al aula?

Una metodología de aprendizaje que deje atrás los viejos esquemas memorísticos y dogmáticos, y abrace los nuevos parámetros y modos de educar y formar, necesarios porque son por los que transita el mundo actual, muy especialmente en un entorno postpandemico. Será fundamental si queremos que, desde la educación junto con los padres, se pueda ayudar a los jóvenes alumnos a encontrar esos códigos de descarga del adulto que llegarán a ser.

Los estudiantes necesitan que desde el aula les lleguen estímulos extraídos del mundo real para incorporarse con garantías a su hacer cotidiano y a su desarrollo futuro. Esos primeros ensayos sobre la realidad que encontrarán en el mundo exterior deben realizarse en el colegio.

Algunos de ellos son:

Tecnología. El mundo es tecnológico, y no tendría ningún sentido que el colegio no lo fuera también. Los centros educativos necesitan adaptarse e incorporar a sus instalaciones los dispositivos, software y metodologías de enseñanza que permitan a los estudiantes llegar con ventaja al universo tecnológico. Al fin y al cabo, ellos son nativos digitales y han crecido manejando pantallas táctiles, dispositivos 3D y aplicaciones móviles. Lo verdaderamente extraño sería que su colegio quedara excluido de ese universo.

Sistemas híbridos. Si para algo ha servido la pandemia ha sido para zambullir a empujones, sí, pero con los mismos o mejores resultados que si se hubiera tratado de una inmersión gradual, a estudiantes y profesores en los entornos de trabajo híbridos. Una dualidad presencial-virtual que estos jóvenes estudiantes encontrarán cuando se incorporen al mercado de trabajo.

Creatividad. El mundo ha dejado de moverse en parámetros lineales. Ya no existe una única respuesta para las cuestiones de siempre, y además aparecen nuevos problemas de los que ni siquiera hay referentes. Ayudar a los alumnos a estimular su curiosidad y a desarrollar el pensamiento lateral y la imaginación desde edades tempranas les permitirá multiplicar su capacidad de respuesta ante los retos que vayan encontrando en su camino.

Innovación. El cambio y su velocidad vertiginosa se han convertido en el signo del presente y del futuro. En ese marco de exponencialidad, incorporar a los sistemas de enseñanza metodologías de innovación como el Design Thinking o la gamificación preparan al alumno para enfrentarse a ese mundo en permanente transformación. Utilizar metodologías formativas basadas en el Desing Thinking antes eran opcionales, pero cada vez son más necesarias, y obligatorias.

Habilidades blandas. Mal llamadas así, porque realmente son muy hard.

La excelencia educativa desde el aula no se obtiene solamente desde los conocimientos. También es fundamental dotar a los chicos de las palancas que les permitan poner en marcha ciertos mecanismos invisibles del éxito en un mundo caracterizado por la convivencia entre el ser humano y las máquinas. Iniciarse en competencias y habilidades como el liderazgo, la comunicación, la empatía, el manejo de conversaciones cruciales, el trabajo en equipo o la colaboración es tan importante o más que dominar las competencias digitales.

Este viaje de transformación educacional debería haberse iniciado ya, un viaje del aula al futuro.

Sigue leyendo el artículo completo en: https://www.eleconomista.es/ecoaula/noticias/11451098/10/21/Un-viaje-del-aula-al-futuro.html