Ansiedad, decaimiento, desmotivación, estrés, hastío, tristeza… ¿Os suena?

En mayor o menor medida todos hemos sufrido algunos de estos trastornos a lo largo de los últimos meses, un año ya en el que llevamos conviviendo con la Covid-19 y sus consecuencias pandémicas. Y es que esta pandemia, además de los graves problemas de salud que provoca a quienes contraen el virus, también tiene unos efectos psicológicos que afectan a toda la población.

Según un reciente estudio de Fundación MAPFRE, el 41% de los españoles reconoce que su salud emocional ha empeorado a raíz de la crisis sanitaria y el entorno profesional y social actual.  La Organización Mundial de la Salud (OMS) incluso le ha puesto nombre al problema. Lo ha llamado “Fatiga Pandémica”, término con el que describe una especie de estado de agotamiento mental provocado por todas las consecuencias que ha traído un virus desconocido ha ce tan sólo 12 meses, a la vida de las personas.

¡No es para menos!

Incertidumbre, teletrabajo forzado y continuo, confinamiento, exceso de horas de atención a una pantalla, problemas laborales y económicos, preocupación por nuestra salud, perdida de seres queridos, restricciones de movilidad, interrupción de cierto tipo de ocio, distanciamiento social, medidas de higiene excepcionales, …y un largo etcétera. Los profundos cambios que estas variables han introducido en nuestro modo de vida no le salen gratis a nuestra salud, ni a nuestra salud emocional. Estamos pagando la factura.

Lo interesante y positivo, saber que es una situación reversible.

Si te reconoces en algunos estos síntomas, lo primero que hay que decir es que es absolutamente normal. No somos ningún bicho raro por habernos sentido -con nuestros vaivenes- un poco, (o incluso un mucho), más bajos de moral que de costumbre. De hecho, lo verdaderamente raro y alarmante sería no haber acusado el golpe estresante que esto ha provocado y que siguiéramos con nuestra vida como si nada de esto hubiera sucedido jamás.

Ha sucedido.

Está sucediendo todavía.

Y, como seres humanos que somos, nos afecta. Lo cual no debería querer decir que nos haya derrotado, que un ínfimo trocito de ARN pueda ganar la batalla.

Las señales de bajón emocional solo nos deberían advertir que debemos comportarnos en modo acción. Es una batalla que se puede ganar.

Como es conocido es la incertidumbre la que es usada como la gasolina que alimenta esta sensación de ausencia de control que ahora mismo gobierna nuestra vida. Eso y el hecho de que no acabemos de verle el final a una situación que se alarga ya demasiado.  Como resultado, los pensamientos tóxicos acerca de un futuro incierto nos invaden el cerebro y nos bloquean.

Nuestra mente puede ser nuestro principal aliado, (y también nuestro peor enemigo), para salir se esta espiral. Y es que, como cuento en mi último libro “¿Cómo entrenar la mente?”, nuestro cerebro es, por naturaleza, pesimista. Trae de serie unos filtros que nos sirven para defendernos de las amenazas, pero que si no sabemos sujetarlos, nos pueden llevar por una peligrosa senda de negatividad.

La incertidumbre nos angustia porque estamos diseñados para intentar ejercer un cierto control sobre nuestra vida. Y eso, en sentido estricto, es imposible. Al menos, en lo que concierne al futuro. Y cuanto mayor sea la incertidumbre que rodea a nuestro provenir inmediato (y en estos momentos es máxima), más frustrados nos sentiremos al pensar en él. Es cuando una serie de pensamientos tóxicos acerca de un mañana catastrófico hacen acto de presencia. Son sesgos y suposiciones sin fundamento que nos bloquean y nos impiden avanzar. Como si nuestra mete preventiva se empeñara en pintarnos negro el futuro para evitar que nos asomemos al presente.

Entrenar la mente.

Pero hay que asomarse. En lugar de vivir anclados en el pasado y en proyecciones negativas del futuro, lo mejor que podemos hacer para superar la incertidumbre es reconectarnos con el presente y comenzar a actuar en él.  Es en ese “hacer” desde el presente donde comenzaremos a modular un futuro menos nebuloso y a ver la luz al final del túnel.

Aunque resulta complicado, especialmente cuando se atraviesa por una situación personal difícil, en la medida de lo posible, es muy importante hacer el ejercicio diario de tratar de ver siempre el vaso medio lleno. Una mente que trabaja desde la abundancia, que pone en valor los logros y capacidades de la persona, en lugar de quedarse atrapada en las carencias, tiene más posibilidades de éxito.

El entrenamiento de la mente también nos sirve para aumentar nuestra autoestima, otro elemento fundamental para afrontar la incertidumbre. En ese sentido, el lenguaje interior, la manera en la que nos hablamos a nosotros mismos, es clave. Porque si nos maltratamos mentalmente a nosotros mismos, esa será la imagen que proyectaremos a los demás. Para poder crecer, y sostener estos periodos de estrés, necesitamos querernos.

Quiero compartir contigo 5 tips que podrán ayudarte a superar estos momentos de estrés emocional intenso.

 

1.- Cuídate.

Cuida tu cuerpo. Muévelo. Mantén rutinas saludables.

Haz ejercicios de respiración. Relájate. Disminuye la preocupación innecesaria.

Da paseos. Lee. Estudia algo nuevo que te haga sentir bien.

2.- Mantén tu atencionalidad en el presente.

Estate aquí, es lo único que tienes. No dejes que llenen tu mente distracciones que te perjudican. Lo te des permiso en pensar aquello que sólo te aporta más incertidumbre.

Anticipar excesivamente un futuro negativo genera ansiedad.

Valora este momento. Haz que sea importante.

3.- Limita el consumo de noticias. Especialmente de noticias negativas.

Para ello apuesta más por socializarte dentro de las posibilidades actuales.

Usa la tecnología. Sin abusos. Escribe. Dibuja. Juega. Escucha música.

Expresa lo que sientes. Intenta llevarte bien con tus propias emociones, aunque sean la tristeza, y la rabia. No reprimas tus sentimientos, pero tampoco les crees cancha.

4.- Agradece.

Guarda momentos al día para agradecer desde el corazón.

Escríbele. Díselo. No te lo quedes para tus adentros.

Habla con tus compañeros de trabajo, con tu jefe, con tus colaboradores, desde el agradecimiento, verás que diferente es si lo haces desde ahí y no desde la rabia.

5.- Y si necesitas ayuda de un profesional, no lo dejes pasar.

Píde la ayuda que necesites. No dejes que la situación te desborde.

Esto va de conversaciones que aporten valor, no de fármacos.

 

Tenemos muchas razones para ser felices. No lo desaprovechemos.

Aquellos que se quejan del teletrabajo tendrían que pensar que muchas personas no tienen ni trabajo ni tele. Es decir, ni trabajan desde casa porque han perdido el trabajo, incluso muchos no tienen un hogar o están a punto de perderlo.

Si eres agradecido con la vida a pesar de este momento pandémico, todo será más llevadero, más fácil de enfocar, de asumir.

Que la fatiga de esta época pandémica NO pueda contigo.

¡Pónselo difícil!