Desde que tuve a mis mellizas hace 3 años, puedo decir que me enamoré de nuevo de la plastilina. Volver a jugar con ella me permitió conectar con mi niña interior por su textura suave, sus colores vistosos y sus posibilidades infinitas. Y claro, como gran apasionada del desarrollo personal que soy me fue imposible no compararla con el terreno vivencial.

Porque al final en los tiempos que corren, más nos vale hacer que nuestra marca personal sea de plastilina. Es decir, que podamos moldearla según las circunstancias externas y nuestra evolución interior.

Siempre lo había intuido, pero tras la pandemia me quedó muy claro que debemos ser más que nunca profesionales flexibles, adaptables y moldeables ante las circunstancias, tal y como es la plastilina.

Porque ya lo decía el señor Darwin: “no sobrevive el más fuerte sino el que mejor se adapta” y prueba de ello es lo que estamos viviendo actualmente.

Y como ejemplo, la industria de la música. El 12 de marzo de 2020, me encontraba con músicos, técnicos y con mi súper artista Alejandro Sanz en pleno tour “La Gira” por América Latina. En unas horas pasamos de tener un calendario repleto de fechas de conciertos a volvernos desde Colombia a España en un viaje de emergencia.

Todos los artistas y profesionales del sector que estábamos de gira en ese momento nos vimos obligados a parar. Y aquí encontramos dos actitudes:

– La de aquellos que esperaron a que el temporal pasara hasta volver a recuperar la vida de antes (que casi un año después aún no tenemos).

– La de aquellos que optaron por reinventarse. Así, por ejemplo, Alejandro Sanz y Juanes organizaron el evento virtual #LaGirasequedaencasa. Experiencia piloto que sirvió de pistoletazo de salida para un nuevo negocio: los conciertos de pago virtuales. Y que permitió a Alejandro Sanz ofrecer un concierto planetario online el 5 de diciembre con un éxito sin precedentes.

En mi caso:

Me quedé sin conciertos ni conferencias, de la noche a la mañana.

Así que solo tenía una opción “reinventarme o morir”. Y fue lo que hice tal y como cuando me quedé embarazada de mis mellizas. Me centré en impulsar mi “Academia Virtual Mundo de Valientes”.

Resultado: más allá de todo lo que me ha aportado a nivel humano trabajar mano a mano con las personas, mi sensación es de tener un proyecto 360º. De haber crecido ante la adversidad. La vida normal volverá, pero ahora concibo mi modelo de negocio con una versión ‘on’ y ‘off’ que se retroalimentan.

Los acontecimientos son los mismos, tanto si metemos la cabeza bajo tierra como el avestruz como si optamos por adaptamos. Solo que en este segundo caso, seremos capaces de ver la luz en la oscuridad incluso de convertirla en oportunidad.

Y eso vale para cualquier profesional.

¿Quieres saber cómo podemos hacer nuestra marca personal de plastilina?

¡Vamos a ello!

Claves para hacer una marca personal de plastilina:

A) Potencia la creatividad. Nos permite ser más adaptables, flexibles y ver donde otros no ven. Decía nuestro genial Pablo Picasso que “la inspiración existe, pero tiene que encontrarte trabajando”. Por ello, es el momento de ponernos manos a la obra para encontrar la chispa de toda buena idea.

– Sumérgete en entornos creativos. Los espacios alegres, con luz natural, colores vivos y formas poco rutinarias nos incitan a dar rienda suelta a las ideas más imaginativas. La creatividad necesita un contexto adecuado para fluir. Empresas abanderadas de la gamificación como Google son conscientes de que tener en la oficina canchas de tenis, toboganes o mesas de ping-pong es una forma muy efectiva de despertar la imaginación. Las risas, los horarios flexibles, las organizaciones horizontales (sin jerarquías) y, en definitiva, el ambiente distendido incentivan las ideas.

– Rodéate de personas de confianza y sí son más creativas que tú, mejor. Cuando hay confianza en el grupo es más fácil que aflore la imaginación. El estado de relajación y de positivismo promueve las ideas y las ganas de compartirlas. Además, si las personas del grupo son más creativas que nosotros, nuestro aprendizaje será más rápido.

– Deja que la mente divague. Permítete tiempo de desconexión, haz volar tu imaginación e incluso date permiso para aburrirte. Solo cuando nuestra mente está libre de ocupaciones es posible crear. En muchas ocasiones, la idea que buscamos se encuentra ya en el inconsciente, pero para que aflore necesitamos ese espacio de desconexión.

– Rompe con la rutina. En este punto incluiríamos desde pequeñas acciones como cambiar la ruta para ir a trabajar, hasta viajar o apuntarse a un curso de salsa. Las nuevas experiencias ofrecen una perspectiva diferente de la realidad que pueden traducirse en nuevas conexiones neuronales que derivan en buenas ideas. Salir de la zona de confort hace florecer la creatividad.

– Aléjate de las distracciones. Apagar el móvil y desconectarse de las redes sociales son solo algunas soluciones para no descentrarnos de nuestro propósito. Acabar con las distracciones es una manera de focalizarnos, mirar hacia dentro y llamar a la inspiración.

– Acción. Diversos estudios demuestran cómo el movimiento físico favorece el pensamiento creativo. Correr, pasear, practicar yoga o hacer teatro son actividades que te ayudarán a sacar tu parte más original. 

– Olvida la vergüenza y refuerza la confianza. No hay peor enemigo para la imaginación que el miedo al fracaso o al juicio de los demás. El pensamiento divergente no puede fluir ni con normas ni con temor. La vergüenza es un sentimiento que no existe en la infancia y, sin embargo, en la edad adulta es difícil desprenderse de él. Por todo ello, debemos mirar hacia dentro y buscar la autenticidad que todos tenemos. En nuestro ADN está la curiosidad y la imaginación. Solo es cuestión de romper los patrones establecidos y reencontrarnos con el niño interior. Ese que un día estuvo con nosotros y olvidamos con los años.

B) Desarrolla una mentalidad de crecimiento a través de las siguientes claves:

– Gestión emocional. Todas las emociones nos dan información muy valiosa para nuestra supervivencia. Sin embargo, no saber controlarlas, a veces, nos puede perjudicar (es el caso del miedo o la ira sin justificación). Por ello, es importante trabajar nuestra inteligencia emocional. Es decir, la capacidad para gestionar de forma adecuada nuestras emociones y las de las personas que nos rodean. En definitiva, hacer un uso equilibrado entre el corazón y la razón.

– No hay fracaso, solo aprendizaje. Asumir este principio es clave para entender que no hay nada malo en equivocarse. Todo lo contrario. Es una gran oportunidad para sacar una lección y tomar el camino correcto.

– Rodearse de personas pila. Es esencial estar cerca de personas que nos impulsen, que crean en nosotros. De esta manera, obtendremos el resultado beneficioso del llamado “efecto Pigmalión” o de “la profecía autocumplida”. Desarrollaremos todo nuestro potencial para responder a las expectativas de nuestro entorno.

– Optimismo realista. Los acontecimientos no se pueden cambiar, pero sí la manera en la que los abordamos. La actitud determinará cómo nos sentimos con respecto a lo ocurrido, así como las decisiones que tomemos para afrontar los retos del camino.

Finalmente, apuntar como si hacemos un repaso a la historia de la humanidad nos daremos cuenta que es común observar que en los periodos de crisis es cuando hay una mayor creatividad y el ser humano es capaz de generar los mejores libros, obras de artes o descubrimientos.

Así por ejemplo en 1665, en plena pandemia de la peste, Isaac Newton creó la “Ley de la gravedad”, uno de los mayores avances de la ciencia moderna.

Por todo ello, aprovechemos esta crisis en la que estamos inmersos para cultivar nuestra marca personal de plastilina, para reinventarnos y darnos cuenta de la capacidad que tenemos de ser como el Ave Fénix y salir reforzados de los terremotos de la vida.

¡Mucha pasión, ilusión, ganas y… a volar alto!