El mundo ha cambiado. La emergencia climática, la pandemia y una creciente necesidad social de evolucionar hacia modelos sociales y económicos más igualitarios y conectados con el planeta han favorecido que la sostenibilidad haya entrado de lleno en las agendas empresariales. Como resultado, conceptos como Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), Agenda 2030, descarbonización, diversidad e inclusión o buen gobierno se han convertido en esenciales en cualquier estrategia empresarial.

Y también, empresa más humana, empresa saludable, equipo colaborativo sostenible, entre otros conceptos que están en la punta de lanza de las organizaciones.

Esas nuevas coordenadas que marcan el rumbo corporativo suponen cambios profundos en las estrategias, prioridades, comportamientos y en la misma manera de plantearse los negocios. Y en esa revolución (como en casi todas), el liderazgo juega un papel esencial. De los líderes organizacionales, de sus comportamientos, valores y cualidades, depende lograr que el modelo vire de manera coordinada y en la dirección adecuada.

Pero, ¿cómo deben esos líderes, con el apellido de sostenibles, sobre los que recae la responsabilidad de completar ese tránsito?

Lo primero que habría que determinar es qué quiere decir exactamente ser un líder sostenible. Una definición extendida de sostenibilidad hace referencia a “la capacidad para satisfacer las necesidades actuales (de una persona, de una empresa, de una sociedad…) sin comprometer las futuras, garantizando el equilibrio entre crecimiento económico, cuidado del medio ambiente y bienestar social”.

Probablemente de entre todo ese largo enunciado la palabra clave sea “equilibrio”. Porque eso es, en esencia, un líder sostenible. Alguien que es capaz de lograr un buen balance entre todos esos elementos y de asegurarse de que la organización llega hasta el siguiente punto de su evolución en las mejores condiciones posibles, tanto para entorno como para propia empresa y las personas que trabajan y se relacionan con ella.

Bajo esas premisas, el liderazgo sostenible requiere de determinadas capacidades en quien lo ejerza; que no son fáciles de encontrar en una misma persona. De una parte, está la capacidad para contemplar las cosas con una mirada de corto y largo alcance al mismo tiempo. Corto, para asegurarse de que se actúa en el día a día (no lo olvidemos, la principal misión de un líder es hacer que las cosas sucedan), y largo para vigilar de que esos pequeños pasos se ajusten a la consecución de un horizonte más elevado en el futuro.

Ese objetivo mayor, que muchos gurús llaman “propósito” –una especie de sentido último que da sentido a la existencia de una empresa y, por extensión, al desempeño individual de las personas que trabajan en ella– está vinculado con otras características esenciales en el líder sostenible.

A la coherencia, para alinear los objetivos y valores personales a los empresariales y actuar de acuerdo a ellos liderando con el ejemplo. Y a la empatía, para ponerse en el lugar de las personas que trabajan en la organización y hallar la manera de trasladar esa unidad de pensamiento y acción en una dirección compartida y de una forma motivadora a su equipo.

La humildad es otra característica intrínseca del líder sostenible. Al fin y al cabo, la sostenibilidad está muy relacionada con el retorno a lo básico, a la “tierra”, al planeta. Ser consciente de que no es más que un pequeño eslabón de esa inmensa cadena ayudará al líder a cumplir con la misión que le toca desempeñar en la misma. Humildad, que incluso en su origen más etimológico, nos relaciona con el humus, lo que está debajo de todo lo otro, lo importante, lo que sostiene lo visible; …y también con el cuestionamiento del estatus quo de la realidad presente y futura.

Muy conectada con la humildad está la curiosidad. Reconocer que estamos lejos de saberlo todo es el primer paso hacia el aprendizaje exponencial que hace falta para liderar en estos tiempos inciertos y resistir los impactos de lo inesperado. Además, la avalancha de cambios –laborales, tecnológicos, sanitarios, climáticos– con la que nos bombardea está época convulsa hace que las soluciones de manual sean insuficientes. Hace falta tirar de creatividad e imaginación para encontrar nuevas formas de enfrentarse a problemas tanto conocidos como desconocidos.

El planeta está enfadado con nosotros, (¡y con razón!). Humildad, curiosidad, creatividad y resiliencia son el mejor antídoto para aplacar su ira. Y líderes que pongan en juego todas esas habilidades al servicio de un nuevo modelo de vida más sensato para todos, lo que necesitamos para reconciliarnos con él.

 

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