Fernando Botella, CEO de Think&Action

Un nuevo modelo de liderazgo para equipos auto-dirigidos en ecosistemas ágiles

Si alguna vez has sentido el peso de la responsabilidad sobre tus hombros y la soledad del mando te atenaza, deberías saber que estás sufriendo sin sentido. Porque lo que están pidiendo en la actualidad las empresas a sus líderes es precisamente lo contrario, que no carguen sobre sus hombros con toda esa presión.

…Y no es que las empresas se hayan apiadado de esos pobres jefes sufridores que toman todas decisiones y meten todos los problemas en su mochila a costa de úlceras y divorcios, sino que se han dado cuenta de que este estilo de liderazgo no es efectivo.

En los nuevos llamados ecosistemas líquidos que forman parte de los nuevos modelos de trabajo ágil, se pretende más bien generar modelos de liderazgo redárquico que aprendan a convivir con la estructura organizativa funcional o jerárquica.

¿Por qué? Se me ocurren varias razones.

La primera, menos relevante, es que muchas mentes trabajando juntas llegan más lejos que una sola por brillante que esta sea. La supuesta infalibilidad de los grandes líderes hace tiempo que está en entredicho. Esto ya lo sabíamos cuando hablábamos de liderazgo en modelos más clásicos, funcionales, donde los silos eran lo que más abundaba. No es nuevo.

Las actuales circunstancias del mercado hacen, además, que las empresas pasen con más frecuencia por situaciones de alto riesgo, dubitativas, donde hay que actuar iterativamente, aprendiendo sobre la marcha, obligando a las empresas a imprimir fuertes virajes de timón y a reinventar sus negocios cada vez en menores tiempos de explotación de los mismos. Lo que se ha dado en llamar exponencialmente, tal como explico en mi nuevo libro “Cómo entrenar la mente? Y aprender exponencialmente”.

En estas condiciones de instabilidad, el liderazgo unipersonal puede suponer un freno para la compañía, especialmente por fallar en la relación con los clientes.

Vivimos un momento ideal para desligar, ya para siempre, el concepto de líder del de gestor, aunque este último también tenga que actuar con capacidades de liderazgo. También el liderazgo organizativo está en fase de re-invención.

Frente a la parálisis del líder solitario, los nuevos modelos empresariales apuestan por un liderazgo compartido en el que cada miembro del equipo asume una parte de esa responsabilidad que antes recaía sobre una sola persona, normalmente el jefe o director de proyecto. Se apuesta por equipos auto-dirigidos en los que cada persona sabe perfectamente lo que tiene que hacer y no necesita a ningún guardián, gestor de control, que esté detrás de ella para asegurarse de que cumple con su cometido. El control en este nuevo entorno, cambia por su hermanastra la confianza.

Las ventajas de este modelo son enormes.

En primer lugar, reduce la posibilidad de fallar estrepitosamente y de darnos cuenta tarde, y con mayores costes. El objetivo: que las decisiones son consensuadas entre personas que aportan cada una su punto de vista de experto en distintas áreas. De este modo, los problemas y sus soluciones se abordan desde una perspectiva más rica y multidisplinar; los procesos fluyen con mayor agilidad y el talento colaborativo alcanza su máximo potencial. Además, en las organizaciones de liderazgo en modelo cros-funcional no existe el bloqueo por miedo. Las decisiones se toman con la seguridad de que es toda la organización quien las asume. Y sí, claro que existe la posibilidad de fallo, pero es toda la organización quien asume la responsabilidad en caso de producirse. Y los errores se convierten más rápidamente en aprendizajes cooperativos.

Por otra parte, de nos ser así, metodologías como Scrum, Kanban, Lean, y Hackathon, DevOps, entre otras, es decir,  las llamadas Xpractis, no funcionarian, su implementación sería una auténtica frustración.

Otra ventaja es que, al empoderar los miembros del equipo, estos crecen profesionalmente y, en consecuencia, lo hace también su rendimiento individual y colectivo dentro de la organización. En el plano de la satisfacción laboral, los modelos que brindan altos niveles de autonomía a los trabajadores también presentan mejores resultados en términos de fidelización y atracción de talento.

¿Y qué papel juega el líder formal en este esquema? Si ya no tiene que tomar en solitario las decisiones, ¿qué función desempeña? Una muy importante, la de implementar y canalizar todos esos esfuerzos colaborativos en la dirección adecuada. Se convierte así en un dinamizador o canalizador más que en un marcador de directrices. Más líder coach que nunca. La función del líder consiste más en facilitar e inspirar al equipo que en darles las órdenes sobre lo que tienen que hacer. Cambia el modelo clásico de micromanagement basado en el control a corto por el líder facilitador que hace, como nunca antes, que las cosas pasen.