Referido a una nueva forma de absentismo; a las personas en una empresa que están presentes, sin estar.
¡Estás despedido!
En los entornos empresariales, pocas frases infunden mayor terror que estas dos escuetas palabras pronunciadas por tu jefe directo o el responsable de Recursos Humanos. Pero no siempre es la empresa quien públicamente dicta sentencia laboral hacia sus trabajadores. En ocasiones, esa misma frase lapidaria la formula en su mente, íntimamente y dirigida sí mismo, el propio profesional.
El despido interior es un fenómeno en aparienciainvisible, pero cada vez más frecuente, que da lugar un nuevo tipo de absentismo en el que el trabajador sigue acudiendo físicamente a la oficina, enciende su ordenador, manda correos electrónicos, asiste a reuniones y cumple con sus horarios… pero sin llegar a estar plenamente presente. Es decir, su cuerpo lo está, y hasta cierto punto también su mente. Pero su alma está muy lejos de allí.
Los empleados que deciden ‘despedirse’ interiormente deambulan como zombis corporativos por las dependencias de la empresa. Realizan sus tareas, pero lo hacen en piloto automático, trabajando ‘lo justo’ y dejando simplemente que pase el tiempo hasta que se presente una oportunidad laboral que les permita marcharse, les despidan o alcancen la edad de jubilación.
El despido interior denota una falta total de compromiso con la empresa. Quienes lo sufren han perdido la ilusión por su trabajo, la confianza en sus jefes y han dejado de sentirse identificados con los valores de la empresa. Se han desconectado.
En cuanto a los motivos de esta desconexión, pueden ser muy variados. Demasiada presión laboral sostenida durante demasiado tiempo, promesas incumplidas, falta de coherencia entre lo que la compañía dice y lo que realmente hace o un cambio de rumbo empresarial pueden hacer que un trabajador se desintonice completamente de su empleador. Las consecuencias: burnout, decepción y una devastadora sensación de falta de propósito.
El despido interior es uno de los principales problemas que aquejan a las empresas en la actualidad, ya que no es algo que pueda apreciarse a simple vista ni sea fácil de aterrizar en una métrica. Ocurre secretamente entre bambalinas, en el subsuelo de las dinámicas empresariales, y va minando silenciosamente no solo productividad, sino también la satisfacción y el clima laboral. Además, es un fenómeno contagioso que puede acabar salpicando a otros empleados que, en principio, no sufrían esa desconexión.
¿Qué pueden hacer las empresas para revertir esta situación? Lo primero es identificarla. Herramientas como las encuestas de clima o sesiones de feedback constructivo entre mandos y empleados pueden a ayudar a destapar una situación de posible burnout antes de que escale y sea demasiado tarde.
Escuchar (escucharlo de verdad) al empleado es fundamental. La satisfacción o insatisfacción laboral es, sobre todo, una cuestión de percepciones, y,aunque muchas veces puede haber razones objetivas (salarios bajos, horarios extendidos, etc.) que ayuden a explicarla, en otras ocasiones el enfado o desánimo de un empleado pueden tener su origen en un malentendido o en una situación que no fue suficientemente clarificada en su momento.
Hay muchas otras cosas que una empresa puede hacer para evitar que sus pasillos se llenen de fantasmas laborales. Cuidar al empleado es la principal. Las empresas que se preocupan por el bienestar de sus personas, que cuidan su salud, tanto física como mental, tienen unos índices de rotación (real e “interior”) mucho menores que las que se plantean las relaciones laborales como una mera transacción comercial y piensan que un trabajador es solo un recurso reemplazable.
En ese cuidado del empleado también adquiere una importancia clave el desarrollo profesional de las personas. Planes de carrera, formación que permita a los trabajadores mejorar sus competencias y asumir nuevos retos pueden devolverles la ilusión perdida y ese sentido del propósito tan importantepara que una persona decida levantarse cada mañana para acudir a su trabajo.
