¿Qué significa ser emprendedor? La idea romántica de ese genio infatigable que alumbra una idea de negocio y consigue llevarla a cabo contra viento y marea, gracias a su talento, audacia, esfuerzo, ilusión y cabezonería es una de las representaciones que con mayor fuerza ha calado en el imaginario colectivo. Añadámosle a ese estándar una pizca de digitalización, un puñado de networking y un par de cucharadas de carisma personal, habilidades de comunicación y capacidad multitarea y tendremos la imagen perfecta del nuevo empresario. Si en Netflix o en HBO tuvieran que concebir una serie de televisión sobre emprendimiento, a buen seguro que los guionistas encargados de crear a los personajes tendrían anotados todos estos rasgos en el diseño inicial que dieran a su protagonista.

Este cliché no es una imagen del todo injusta o descabellada. En realidad, está basado en una versión bastante fidedigna de lo que podría ser un emprendedor de carne y hueso. De hecho, esa colección de características sería un muy buen equipamiento de partida para enfrentarse a la aventura de poner en marcha un proyecto empresarial. Pero, siendo oportunas y necesarias esas cualidades, no son todas las que se necesita para triunfar en los entornos de los nuevos negocios. Ser emprendedor significa mucho más que brillantez, tesón o una personalidad arrolladora. Implica también poseer una característica esencial para conducir hasta el éxito una iniciativa colectiva como es una empresa: capacidad de liderazgo. Sí, porque, aunque el emprendedor comience muchas veces su andadura en solitario, si su visión es acertada y sus pasos son correctos, pronto se sumarán a él otras personas que le sigan. Y para que le sigan, el emprendedor necesita liderar. Y crear líderes que le acompañen en su periplo.

El verdadero emprendedor, no sólo el soñador, aquel que además tiene mente de empresario, necesitará ser también un líder.

Porque liderar es hacer que las cosas pasen. Esta concepción deja fuera de la ecuación a esa visión de emprendedor como persona que tiene una idea genial y con eso es suficiente. La vida está llena de grandes ideas. Pero solo cuando esas ideas tienen detrás a alguien que es capaz de materializarlas tienen la facultad de cambiar el mundo. Se podría decir que las ideas no son de quienes las tienen, sino de quienes las hacen en realidad, d quienes las llevan a cabo.  Hay personas que son muy buenas en la generación de conceptos, pero no tanto en su ejecución. Personas con una gran mente emprendedora, pero a las que les falta tener una mente empresaria.

Y al contrario.

Emprendedor-líder

Hay una serie de claves que ayudan a explicar qué es aquello que convierte a un emprendedor en un buen líder, claves que plasmé en mi libro Bienvenidos a la Revolución 4.0.

Estas ideas fuerza son:

1) Escucha siempre a todos con una mente abierta. El emprendedor-líder práctica constantemente la escucha generativa o participativa, especialmente con aquellos que piensan de un modo diferente. Las ideas que más pueden aportar y enriquecer a un emprendedor y a su proyecto empresarial son, precisamente, aquellas que están en desacuerdo o cuestionan las propias creencias y opiniones.

2) Fomenta la diversidad, la diferencia y la curiosidad como valores. El líder-emprendedor tiene capacidad para atraer talento a la organización y facilitar que este se desarrolle dentro de la misma. Sabe crear equipo y hacer sentir a las personas que lo integran que son una parte esencial del mismo.

3) Se aleja del estrés negativo. Deja de ver el entorno como hostil y escapa de la excusa o del cotilleo. Por el contrario, practica un liderazgo inspiracional que pone el foco en las partes positivas de las personas y en cómo el proyecto puede generar un beneficio para toda la sociedad.

4) Conoce bien su entorno. Profundiza en su estudio y en el conocimiento íntimo de rivales y amigos. Es consciente de que el talento tiene una dimensión técnica y otra humana, y cuida esas dos facetas por igual, facilitando su crecimiento.

5) Piensa en lo que necesita su equipo antes de en lo que él necesita. Ahí reside el secreto del verdor ‘engagement’. La capacidad de crear equipo será fundamenteal.

6) Mide su éxito por su capacidad de atender a las necesidades de los demás y por cómo cumple sus expectativas. Y procura que esa visión forme parte de sus propias metas y esté alineada con sus intereses. Mide su éxito como líder en términos del optimismo que consigue transmitir a otros y de la lealtad que es capaz de generar en su equipo sin necesidad de pedirla.

7) Se mantiene abierto a los cambios y demuestra una gran resiliencia ante ellos. Facilita que esos cambios se integren en la organización, se adapta a ellos y les da la vuelta para que sirvan como inspiración y motivación para su equipo. Da rienda suelta a la creatividad y es capaz de contemplar la realidad y atacar los problemas de un modo desacostumbrado.  Vive con una mente de aprendiz continuo.

Todos estos elementos del buen liderazgo se pueden resumir en uno que es especialmente cierto en el caso de un emprendedor: la función principal de un líder es crear más líderes.

Creación de líderes

Llega un momento en la vida de todo proyecto empresarial que el propio crecimiento de la organización obliga a cambiar de registro y pasar a otra etapa. Es un instante delicado para una empresa, porque supone dejar de hacer las cosas como las venía haciendo (exitosamente) y empezar a asumir mayores riesgos. Pero es también un momento trascedente y que es inevitable abordar si la compañía quiere evolucionar. Una etapa en la que la empresa se adentra en territorios inexplorados y de alta incertidumbre, y para el que las capacidades del emprendedor original ya no son suficientes. Se necesita incorporar nuevos talentos, aumentar el equipo con perfiles complementarios y competencias y habilidades propias, que tomen las riendas del proyecto y lo leven a hasta su siguiente nivel de evolución.

En es tesitura, el emprendedor tiene tres opciones. Puede apartarse y dejar que otro tome su lugar al frente de la empresa, una opción que no suele ser la habitual. También puede ayudar a que germinen nuevos líderes dentro de la organización, personas que ya formaban parte del equipo o llegadas desde fuera, para que asuman mayores responsabilidades en el proyecto y sumen al mismo sus esfuerzos y voluntades. Y, por último, puede rodearse de una red de partners que, en calidad de externos, aporten nuevas capacidades que complementen las suyas.

Una de las formas que tiene el emprendedor de crear a esos otros lideres que le ayuden a codirigir su cada vez más compleja nave es a través del modelo de liderazgo situacional de Paul Hersey y Ken Blanchar. Creado hace más de 50 años, este esquema propone una mirada en profundidad a cada uno de los miembros del equipo, para darles una atención personalizada en función de su momento vital y de las tareas específicas que tengan que realizar en sus nuevas responsabilidades como colíderes del proyecto. Estos cuatro estilos de liderazgo son:

Instrucción. Crear nuevos líderes para la organización implica, en primer lugar, enseñares a serlo. El emprendedor tendrá que dar instrucciones a su equipo, pero no en un sentido jerárquico de decirles lo que tienen que hacer para que estos se limiten a ejecutarlo, sino en el de enseñarles a enfrentarse a esas situaciones de manera autónoma y poniendo el foco no solo en los ‘cómos’, sino también en los ‘para qués’.

Persuasión. El emprendedor-líder vence por convencimiento, con argumentos. Alinea a su equipo a través del ejemplo y la inspiración, y busca la participación de sus miembros en la búsqueda de soluciones consensuadas en beneficio de toda la organización.

Participación. El sustrato de toda actuación empresarial son las personas que la integran. Un proyecto emprendedor crecerá de manera exponencial en el momento que trascienda la visión de su fundador y empiece a incorporar las aportaciones de talentos diversos y complementarios. Se tratará de un estilo negociador y generador de consensos.

Delegación. El buen líder detecta y evalúa el talento que tiene a su alrededor, y sabe delegar en su gente aquellas tareas en las que sus colaboradores son mejores que él. La clave está en conocer muy bien a las personas para depositar sobre cada una de ellas aquellas tareas que van a hacer por sí mismas y sin necesidad de que se les pida.

Los sueños e ideas de un emprendedor requerirán de mucho esfuerzo para alcanzar el éxito, también de un modelo de liderazgo robusto, creador de nuevos líderes, expertos en sus materias, que le acompañen en el camino y, sobretodo, del uso de uno de los recursos más escasos: el tiempo.

 

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