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LA FELICIDAD DE TRABAJAR MENOS

Fernando Botella, CEO de Think&Action

Muchos profesionales aseguran que están dispuestos a sacrificar parte de su salario a cambio de tiempo.

“Hasta el infinito y más allá!”, proclamaba muy ufano el astronauta Buzz Light­year con su voz enlatada de juguete. Aunque si en lugar de un muñeco (y un dibujo animado) el coprotagonista de la saga Toy Story hubiera sido un trabajador de carne y hueso, posiblemente sus miras profesionales habrían sido algo menos ambiciosas. O lo habrían acabado siendo con el tiempo. Como las de las 658.000 personas (el 3,6% de los ocupados en España) a las que, según un reciente análisis de Randstad, les gustaría trabajar menos horas aunque ello supusiera una reducción correlativa en su salario.

El dato viene a corroborar una tendencia señalada por la consultora este mismo año. En su informe Randstad Employer Brand Research 2017 se indica que el equilibrio entre trabajo y vida personal es ya el segundo motivo más importante para los profesionales a la hora de elegir una empresa para trabajar, únicamente por detrás del sueldo. “El fin de la crisis ha traído más seguridad. Y una vez que las necesidades higiénicas están cubiertas, otro tipo de inquietudes como la conciliación o el ocio ganan peso en las decisiones laborales”, concluye Luis Pérez, director de Relaciones Institucionales de Randstad.

Plantearse pisar el freno en la carrera profesional, ya sea en el número de horas o en el nivel de responsabilidad, es algo que pasa por la cabeza de casi todo el mundo en algún momento de su vida. “Si tu trabajo requiere mucha dedicación y sacrificios, es normal querer salir de esa situación y potenciar otras facetas de tu vida que también son importantes y que quizá has aparcado durante demasiado tiempo”, dice la coach Aida Baida.

Lo normal es que ese momento llegue a partir de una cierta edad. Una enfermedad, una situación familiar, la rutina o pensar que ya se han satisfecho las ambiciones profesionales pueden propiciarlo. Un buen día, la carrera parece menos importante. Para Jerónimo Corral, director de Recursos Humanos de Lindorff, todo profesional debería pararse a reflexionar cada cierto tiempo sobre si el esquema de dedicación y actividades que ha construido para su trabajo y su vida personal le satisfacen o le frustran. Porque, advierte, “un compromiso sano con la empresa no es aquel que obvia el resto de compromisos de la persona. Todo exceso pasa factura antes o después”.

Eso sí, elegir esta opción supone ir contracorriente. “Socialmente se asume que el camino natural es ir siempre hacia arriba”, recuerda Baida. No siempre se entenderá que un profesional escoja la dirección opuesta. La coach exhorta a sacudirse de encima esa presión. “Tendrás dudas y puede que te sientas culpable por desaprovechar buenas oportunidades laborales. Pero uno tiene que ser honesto con sus prioridades, su situación y sus necesidades para poder tomar decisiones que le hagan sentirse realizado profesional y personalmente”.

Fernando Botella, CEO de Think & Action, apunta tres razones por las cuales a una empresa le interesa conservar a determinados trabajadores, aunque sea en una versión parcialmente desenganchada. “En primer lugar, por su talento. Si es un crack en su área, entre que se marche y se quede trabajando menos horas, prefiero lo segundo. Además, las nuevas condiciones laborales implican que voy a poder pagarle menos. Finalmente, están las relaciones con clientes y proveedores que ese profesional aporta y que, si se marchara, saldrían de la cadena de valor de la compañía”.

Pleno rendimiento

Los expertos niegan que menor dedicación signifique necesariamente menor compromiso del trabajador. “Estar comprometido significa hacer lo que uno tiene que hacer y alinearse con los objetivos marcados. Si yo llego a un acuerdo con mi empresa para que en lugar de visitar a diez clientes a la semana, visite a cinco, mi compromiso se mantendrá intacto siempre y cuando esas cinco visitas las haga a pleno rendimiento”, explica Botella.

Aida Baida afirma que aparcar las ambiciones de carrera puede ser también una vía hacia la excelencia. “Te centras en tu trabajo y lo haces cada vez mejor porque no lo usas como trampolín para un ascenso, sino para tu propia realización”. Son muchos los que se plantean dar ese paso atrás, pero muy pocos los que llegan a hacerlo. La mayoría o no se atreve o no se lo puede permitir. La cultura y el tamaño de la empresa importan. “En una multinacional anglosajona están muy acostumbrados. Pero si eres una pyme con cuatro empleados, que uno de ellos te pida trabajar menos horas supone un serio problema”, expone Andrés Fontenla, socio director de Recarte & Fontenla.

Jerónimo Corral piensa que el mercado laboral no está todavía lo bastante maduro para asumir estos modelos. “La reducción horaria aún se asocia a la maternidad, se ve como el ejercicio de un derecho que a la empresa no le queda más remedio que respetar. Pero de lo que se trata es de encontrar un sistema en el que convivan los esquemas flexibles con las necesidades organizativas, y en el que empresas y profesionales elijan de forma dinámica el nivel de intensidad y la dedicación a prestar en cada momento”.

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