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Transformación digital: ¿Próxima parada?

Que la ‘Revolución Digital’ se conviertiera en, simplemente, ‘Realidad Digital’ era una mera cuestión de tiempo, y parece que ese tránsito está cada vez más cerca de completarse. No en el sentido de ‘meta’ final -esa no existe como tal en esta carrera-, sino en el de asumir que ya no hay nada de extraordinario en los cambios tecnológicos exponenciales que sacuden el mundo cada día, sino que forman parte de la normalidad cotidiana. Esas mismas transformaciones que nos asustaron y deslumbraron por igual hace unos pocos años, hasta el punto de que no dudamos en calificarlas de «revolucionarias», hoy nos causan un impacto mucho menor y empezamos a verlas casi como rutinarias, «un día más en la oficina».

Por supuesto que queda mucho camino por delante, y no todos los estamentos se encuentran en los mismos niveles de maduración digital. Las pymes y empresas muy tradicionales son todavía tierra virgen para estos nuevos modelos organizativos, y para muchas personas de la generación baby boomers y anteriores la brecha digital sigue siendo una realidad preocupante.

Pero para un creciente número de empresas la digitalización ya forma parte, en buena medida, de su modelo de negocio y se ha incorporado con mejor o peor suerte a su operativa diaria. La pregunta es: ¿y ahora qué? Porque llamémosla revolución o evolución, esto no se detiene.

A estas alturas del partido ya deberíamos saber que anticipar escenarios futuribles en materia tecnológica es un ejercicio de alto riesgo. Pero sí existen indicios que nos permiten aventurar con un cierto margen de seguridad algunos de esos siguientes pasos. Algunos vienen marcados por las tecnologías ‘dominantes’, aquellas que están marcando caramente el paso del progreso de la evolución tecnológica.

Para leer el artículo completo haz click aquí: https://www.eleconomista.es/firmas/noticias/10437167/03/20/Transformacion-digital-proxima-parada.html

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¿Cómo entrenar la mente? … Para después del verano

 

  • Editorial Alienta, del grupo Planeta, junto con el autor Fernando Botella deciden aplazar el lanzamiento de su nuevo libro para otoño de 2020.

Como muchos de vosotros ya sabéis, porque lo he ido anunciando las pasadas semanas en redes y medios, he he escrito un nuevo libro con mis amigos de la Editorial Alienta, (Grupo Planeta). El libro se titula ¿Cómo entrenar la mente?…Y aprender exponencialmente.

Su lanzamiento estaba previsto para el día 24 de marzo.

Con este nuevo trabajo editorial he querido invitar al lector a reflexionar acerca una serie de habilidades esenciales, que todos poseemos pero que, demasiado a menudo, mantenemos ocultas, en un estado de aletargamiento, y que, potenciándolas, entrenándolas, nos ayudarían a ser mejores líderes, también a liderar mejor nuestra propia vida, en definitiva, a ser mejores personas. Me gusta decir que este libro no es un libro, sino un gimnasio para ejercitar la mente. Una llamada a la acción para reactivar los mecanismos del aprendizaje exponencial. Con él desarrollo cuestiones como la escucha generativa, el poder de la pregunta, el feedback, la naturaleza de la imperfección, la fuerza de la imaginación, el pensamiento disruptivo, los miedos o el llamado nuevo liderazgo total, inclusivo. Elementos que ayuden al lector a enfrentarse a los retos del mundo actual.

Esos mismos retos del mundo actual, sin embargo, ahora mandan. Nos han enviado una situación totalmente inesperada, llamada Covid-19, que ha venido a alterar todavía más nuestro ya de por sí convulso universo. Por esa razón, entre mi editor y yo hemos decidido posponer el lanzamiento del libro hasta después del verano.

Será entonces, una vez que poco a poco las cosas vuelvan a la normalidad, cuando os invite a sacar del trastero la ropa deportiva de vuestra mente y a calzaros las zapatillas cerebrales para empezar un intensivo entrenamiento que seguramente nos hará falta a todos, dadas las circunstancias actuales.

Mientras tanto, recibid mis mejores deseos y mucho ánimo.

Estoy convencido de que con esfuerzo, imaginación y mucha resiliencia por parte de todos, no sólo superaremos esta situación, sino que saldremos reforzados de ella.

 

 Fernando Botella

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Así será el profesor robot o cómo la tecnología cambiará nuestra forma de aprender

Desde que hace unos años los avances tecnológicos empezaron a ganar velocidad de forma exponencial, las complejas relaciones entre humanos y tecnología han atravesado distintas fases. De los recelos y las reservas en los momentos iniciales, cuando el miedo a una vida robotizada hacía estragos entre una gran cantidad de profanos digitales, poco a poco pasamos a un creciente acercamiento. Como lo harían dos amantes que comienzan una relación, personas y máquinas van recorriendo ese camino del mutuo conocimiento con cada vez mayor confianza.

A ello está contribuyendo el carácter transversal de la revolución tecnológica. Y es que la tecnología no alcanza únicamente a los entornos laborales, sino que fluye digitalmente por todos los ámbitos de la vida. Está presente en nuestro trabajo pero también en nuestro hogar, en la manera en que disfrutamos de nuestro ocio, en la forma en que compramos, viajamos o nos relacionamos con nuestros amigos. Y también en la manera en que aprendemos.

La tecnología se ha convertido en un gran facilitador del aprendizaje y en una herramienta vital para la transmisión de conocimiento. Entre sus aportaciones más destacadas, está la de haber eliminado todo tipo de barreras, ya sean geográficas, físicas de las personas o temporales. Robots, machine learning, inteligencia artificial, realidad virtual y aumentada, algoritmos, hologramas, construcción 3D… las aplicaciones de la tecnología a los procesos de enseñanza son innumerables y no paran de crecer.

La tecnología permite llevar más lejos, a más personas y con más éxito el proceso de transmisión. La extensión de esos límites no solo es física, sino también cerebral. El uso de las nuevas tecnologías en entornos de aprendizaje genera una mayor elasticidad cerebral y un incremento de conexiones neuronales. De esta manera aumenta la capacidad creativa de los alumnos, que son más proclives a mezclar, conectar, extrapolar y, en definitiva, combinar elementos de un modo novedoso para alcanzar resultados diferentes.

Las posibilidades que trae la tecnología al campo de la enseñanza son inmensas. El campus de IE Business School en Madrid, por ejemplo, ha puesto en marcha su wow room, un espacio futurista de formación con tecnologías de vanguardia y 48 pantallas que se sirve de recursos como inteligencia artificial, simulaciones en tiempo real, análisis de big data, robots interactivos, sistemas de reconocimiento emocional y hologramas para conseguir una experiencia de aprendizaje totalmente inmersiva.

Formarse en tecnología

Aprovechar todas las ventajas que ofrece la tecnología aplicada a la formación implica adquirir previamente algún tipo de formación en tecnología. Pero, ¿en qué exactamente? El universo digital se ha vuelto tan vasto y cambiante que resulta casi imposible poner el foco en algo en particular. En su libro Robot-Proof: Higher Education in the Age of Artificial Intelligence, Joseph Aoun, presidente de la Northeastern University de Boston, propone una singular combinación entre las humanidades tradicionales y las tic a las que ha denominado «humanics». Esta constaría de tres elementos fundamentales:

Technical ability. Se trata de profundizar mucho más de lo que lo hacemos en el funcionamiento de las máquinas. Es decir, se trataría de trascender el entorno usuario y dar un paso más en nuestra aproximación a la tecnología. Aoun propone adentrarse en las entrañas de la máquina para empezar a entenderla de verdad. Conocer su funcionamiento es la puerta para lograr que el humano sea quien controle a la máquina y no al revés. En ese sentido, muchas voces apuntan ya hacia la necesidad de que los niños empiecen a programar desde edades cada vez más tempranas.

Data discipline. Las máquinas actuales tienen una capacidad para generar datos inimaginable hace tan solo unos pocos años. Los profesionales necesitan aprender a manejar, entender y analizar esa ingente cantidad de información que circulan por la red y que habita en las organizaciones. Los datos encierran la clave de las buenas decisiones empresariales. Por esa razón, aprender a leerlos e interpretarlos resulta fundamental.

Human discipline. Esta dimensión se basa en aquellas capacidades humanas que las máquinas no pueden emular. Hablamos de creatividad, imaginación, empatía y, en definitiva, de todo aquello que nos hace singulares e irremplazables. A nivel formativo, esto supone, por una parte, no dar de lado a las disciplinas tradicionales como las matemáticas, la literatura, la filosofía o la Historia y, por otro, en plano metodológico poner el acento en la parte experiencial más que en la sesión de aula.

La duda es, ¿están nuestros docentes preparados para semejante cambio? Probablemente no. No hay que olvidar, además, que los cambios estructurales en temas educativos son lentos. Sin embargo, la transformación llegará porque aunque la llamemos «revolución», en realidad la digitalización no llega para destruir nada. Una de las claves de la tecnología aplicada a la formación, es que, en el fondo no cambian la base sobre la que esta se sustenta; solo lo hacen las herramientas que la levantan.

Para leer el artículo haz click aquí: https://www.eleconomista.es/opinion-blogs/noticias/10361701/02/20/Asi-sera-el-profesor-robot-o-como-la-tecnologia-cambiara-nuestra-forma-de-aprender.html

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¿Por qué hay que apostar por la formación otra vez?

Cada cierto tiempo se detecta un parón en el impulso que las empresas le dan a su formación. Se trata de un fenómeno cíclico, que va y viene según la coyuntura o la percepción general del mercado. De pronto, algunas compañías de referencia pisan el pedal del freno y las demás las siguen por un puro instinto de imitación.

No hay una única razón para ello. Presupuestos ajustados, incertidumbre, tendencias, cambios en los modelos organizativos, en la escala de prioridades… En los años de la crisis ni siquiera hubo que buscar una excusa muy elaborada para justificar el recorte. No había dinero y la partida de formación fue una de las primeras en caer. Fin de la historia.

 

Los que siguieron con la formación como activo fundamental en sus organizaciones acabaron en clara posición de ventaja

 

Muchas organizaciones se arrepintieron después de aquella decisión, que optó por refugiarse en los cuarteles de invierno para intentar capear el chaparrón sin caer en la cuenta de que cuando escampara la tormenta tendrían que volver a salir a cielo abierto. Lo malo fue que cuando los nubarrones se despejaron, el paisaje había cambiado radicalmente y muchas compañías no estaban preparadas para desenvolverse en ese nuevo ecosistema.

En cambio, los visionarios que sí tuvieron el valor de mantener la formación como un activo fundamental para la supervivencia futura de sus organizaciones salieron de aquella travesía por el desierto fortalecidas y en clara posición de ventaja.

Como la historia de la humanidad ha demostrado que el ser humano acostumbra a tropezar múltiples veces en la misma piedra, más de uno ha olvidado ya aquellas lecciones que nos dejó la crisis y vuelve a las andadas con sus miras cortoplacistas. Una vez más, parece que la formación de sus profesionales ha pasado a ocupar un lugar secundario en la agenda de algunas empresas. Son solo unos síntomas, nada demasiado grave todavía, pero sí lo suficientemente preocupantes para pulsar el botón de alarma antes de escale más de la cuenta.

En esta ocasión, los pretextos que las empresas aducen para aparcar la formación son más sofisticados y diversos. La falta de tiempo para dedicar la formación es uno de los más recurrentes. Los proyectos son tan exigentes y ajustados de tiempos, dicen, que al parecer no dejan espacio para dotar a sus profesionales de mejores herramientas para realizar su labor. No deja de ser curioso que hace años el problema parecía ser justamente el opuesto. El tiempo sobraba, ya que lo que escaseaban eran los proyectos y, por tanto, los ingresos. Ahora el dinero vuelve a fluir en caja, pero lo hace a costa de las horas de trabajo de sus profesionales. El resultado, en cualquier caso, es idéntico: no hay lugar para la formación.

Cuando le haces notar a algún responsable área esta inquietante caída de iniciativas de formación en su empresa, muchos niegan la mayor. ¡Claro que sus profesionales se forman!, explican convencidos, solo que ahora esa formación ha adoptado otras trazas y formatos. Y es que la velocidad que han adquirido los negocios actuales, aducen, ya no permite dedicar varias horas a una sesión de aula. Todo debe ser mucho más ágil, y por eso sus profesionales se forman «on the job», es decir, durante el propio desempeño de su trabajo.

Para leer el artículo completo haz click aquí: https://www.eleconomista.es/opinion-blogs/noticias/10239466/12/19/Por-que-hay-que-apostar-por-la-formacion-otra-vez.html 

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El problema del falso optimismo

Desconfíe de la sonrisa permanente, porque esa solo se da en los spots televisivos y en los libros de autoayuda. Sí, ya saben, me refiero a esos optimistas impenitentes que siempre muestran su mejor cara así llueva, truene o se mueva el suelo bajo sus pies. El falso optimista es como ese genial Joker que interpreta Joaquim Phoenix en una de las películas del año, que reconoce, entre descontroladas, carcajadas, que no ha sido feliz ni uno solo día de su existencia. La fila de dientes imperturbable, incluso cuando resulta patente que quien nos la enseña tienen motivos objetivos para sentirse, por lo menos, algo contrariado, no solo no es creíble, sino que puede esconder alguna patología severa. Y, en todo caso, refleja una preocupante desconexión con la realidad.

Detrás de esta obsesión por hacer exhibición de la felicidad a toda costa podemos encontrar algunos condicionantes culturales, factores que nos condenan a una especie de dictadura de la alegría. Por ejemplo, se suele asociar la tristeza con una mala actitud ante la vida. Y nos cuidamos mucho de trasladarle al mundo que nos enfrentamos al temporal con el ceño fruncido. Pero una persona triste no tiene por qué ser un pesimista crónico. Puede ser perfectamente un optimista que, simplemente, en ese momento, está triste. Y no pasa absolutamente nada.

El falso optimismo es tan dañino como el pesimismo crónico, porque el positivismo exacerbado esta basado una expectativa poco realista. Y cuanto mayor sea esta, mayor la caída que aguarda al final. Como nos enseñaba perfectamente la película Del Revés (2015), todas las emociones cumplen una función y son absolutamente necesarias para el pleno desarrollo humano. Por eso, tapar algunas de ellas porque no resulten tan amables o atractivas es un error. Además, tener que verlo todo permanentemente de color de rosa, aunque el fondo lo veamos negro, supone una enorme presión. Él falso optimista acabará sintiéndose frustrado y se culpabilizará por su incapacidad para dar brincos de alegría mientras las paredes se desmoronan a su alrededor.

 

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Qué es (y qué no) la experiencia de cliente

Ya se trate de una multinacional planetaria o del quiosco de prensa de la esquina, la experiencia de cliente es la palanca que permite a un negocio alcanzar el éxito hoy. Y es que una vez neutralizados (o igualados) -gracias en buena medida a la revolución digital- los elementos funcionales de los productos y servicios como pueden ser el precio o las prestaciones, son los factores emocionales los que marcan la diferencia. Diversos estudios estiman que entre el 80 y 85% de la pérdida de clientes de las compañías son resultado de una mala experiencia que tuvieron en alguno de los momentos de su relación con la empresa.

En general hay consenso acerca de la importancia de la experiencia de cliente como factor de diferenciación y puntal sobre el que se asienta la propuesta de valor de una compañía. Sin embargo, también existe cierta confusión entre empresas y profesionales sobre lo que es y lo que no es experiencia de cliente. Alrededor de este concepto orbitan algunas creencias, términos y matices que, aunque próximos, no son exactamente experiencia de cliente.

Por ejemplo, es bastante habitual confundir experiencia de cliente con experiencia de marca. Y es que estos conceptos circulan por caminos paralelos pero no necesariamente convergentes. El poder de una marca, ya se llame esta Google, Coca-Cola o Los Ángeles Lakers no garantiza por si sola una buena experiencia de cliente. No importa cuánto respetemos, admiremos o incluso adoremos a una empresa icónica si al visitar una de sus tiendas la persona que nos atiende es antipática, hay una cola kilométrica ante las cajas o las dependencias están sucias. Habremos tenido una mala experiencia de cliente.

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Caídos en desgracia: numerosos profesionales pasan del éxito al ostracismo sin razón aparente

Mel Gibson, Andie MacDowell, Kevin Costner, Megg Ryan, Mickey Rourke, Geena Davis… Hasta no hace tanto estos artistas eran rutilantes estrellas de Hollywood, lo más de lo más del star system. Sus nombres encabezaban los carteles de los mejores estrenos, sus interpretaciones coleccionaban nominaciones a los Oscar, solo trabajaban con grandes directores y su caché estaba por las nubes. Sin embargo, al contrario de otros colegas que sí supieron envejecer profesionalmente (Tom Hanks, Meryl Streep, Robert de Niro, Clint Eastwood, Morgan Freeman…), se diría que la suerte de estos astros se ha ido truncando con el transcurso de los años. Por alguna razón, de manera paulatina su brillo se ha marchitado, convirtiéndolos en una sombra de lo que un día fueron.

El fenómeno de los ídolos caídos no es exclusivo de los actores. En el mundo de la empresa también se dan llamativos casos de declive profesional. Y más a menudo de lo que uno pudiera pensar. «Casi ninguna carrera es lineal y ascendente, sino que la reputación y la relevancia de los profesionales en las empresas sufren altibajos. Es algo que deberían enseñar en las facultades y escuelas de negocios, para que a la gente no le pille por sorpresa», señala Juan San Andrés, consultor de Dirección en RRHH y Organización.

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10 conferenciantes en management y liderazgo

Nuestro Catálogo TOP 100 Conferenciantes España reúne a los 100 speakers más demandados, reputados e influyentes del panorama nacional. Este catálogo único, que lanzamos hace un año, incluye a los mayores expertos en política, economía, sociedad; management y liderazgo; superación y motivación; compromiso creativo y ciencia y divulgación,

Hoy te presentamos a 10 de ellos, 10 speakers en management y liderazgo.

Isabel Aguilera

Presidenta de GE (2008-2009), directora general de Google Iberia (20006-2008), COO de NH Hoteles (2002-2005), CEO de España y Portugal de Dell Computer (1997-2002). Ha estado al frente de las empresas más innovadoras, Isabel Aguilera aconseja a grandes compañías en materia de estrategia e innovación. Tendencias globales en gestión empresarial, emprendimiento, liderazgo reinventado y economía inteligente, pilares de sus charlas.

Juan Carlos Alcaide

Juan Carlos Alcaide es experto en Marketing, Digital Business y Customer Experience. Consultor referente especializado en marketing de servicios, servicio al cliente y fidelización. En sus conferencias, aborda el cliente phygital, el engagement del cliente, los pilares de la experiencia del cliente y la silver economy.

Jesús Alcoba

Investigador del éxito personal, Jesús Alcoba es director de La Salle International Graduate School of Business, autor de cinco libros, TEDx Speaker y doctor en Estrategia. En sus charlas, aborda el éxito personal y profesional, la creatividad y la inspiración y el liderazgo.

Elena Alfaro

Como experta en satisfacción del cliente, comunicación y CRM, Elena Alfaro cuenta con su propia disciplina, la FANScinology, una metodología divulga entre líderes. La centralidad del cliente y la emoción y la economía conductual, conforman la espina dorsal de sus conferencias.

Mario Alonso Puig

Médico y especialista en liderazgo, bienestar, felicidad y high performance, Mario Alonso Puig ha sido Premio ASEDEF al mejor comunicador en salud y ganador el Premio Espasa de ensayo en 2013. A través de sus conferencias indaga en el liderazgo, motivación, salud, bienestar, gestión de la incertidumbre y reinvención.

Margarita Álvarez

Es una de las grandes referentes en el campo de la felicidad. Una de las 50 mujeres más poderosas de España y de las 100 más influyentes de nuestro país. Estuvo durante 15 años vinculada a Coca-Cola, como experiential marketing manager y presidenta del Instituto Coca-Cola de la Felicidad. Thought leadership, diversidad y empresas, felicidad, sus principales áreas de pensamiento.

Santiago Álvarez de Mon

Profesor de IESE Business School, es un referente de los valores humanos. Es asesor de empresas y profesionales en materia de liderazgo y equipos de alto rendimiento. En conferencia, Santiago Álvarez de Mon explora el liderazgo como un viaje desde dentro hacia fuera y el management como geopolítica.

Fernando Botella

CEO de Think&Action,  formador y experto en liderazgo, Fernando Botella es experto en el desarrollo del talento y la transformación organizativa. Propuestas de valor, fun energy, transformación digital y liderazgo inspiracional, temáticas troncales de su discurso.

Pancho Campo

CEO de Chrand Marketing & Events y exdeportista de élite, Pancho Campo fue formado por el vicepresidente Al Gore, con quien ha organizado varias cumbres de cambio climático. Las audiencias de sus conferencias descubren insights sobre la economía naranja, el cambio climático y la gestión del estrés y la motivación.

Javier Capitán

Periodista, economista, humorista y experto en comunicación y creatividad, su faceta televisiva y radiofónica es de sobra conocida. Javier es capaz de combinar visión de empresa y entretenimiento, y ofrece claves sobre equipos y talento, habilidades de dirección y toma de decisiones.

 

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