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¿Por qué nos importa tanto el significado?

Del Blog “Biología de la normalidad” de Fernando Botella, CEO de Think&Action

Te propongo un pequeño test. Pregunta a tus amigos y conocidos a cuántos de ellos les seduce la perspectiva de pasarse parte de su fin de semana montando un mueble de IKEA en casa. Verás cómo el porcentaje de ‘noes’ es altísimo, si no del 100%. Si tus amigos estuvieron siendo completamente sinceros en su respuesta, eso significaría que la empresa sueca estaría en serios apuros. Pero todos sabemos que eso no es exactamente así y que raro es el hogar en el que no encontremos al menos uno de sus muebles. Y es que aunque quizá la perspectiva de pegarse con destornilladores y llaves Allen no nos vuelva locos a priori, lo cierto es que casi todos acabamos sucumbiendo a la fiebre del do it yourself. ¿Por qué? La respuesta es fácil. Porque al hacerlo nosotros, aunque sea mínimamente, le estamos dando significado.

El significado es la clave que desencadena la toma de decisiones de los seres humanos. Todo resulta más fácil cuando tenemos que decantarnos por algo que nosotros consideramos importante, que hacemos íntimamente nuestro y forma parte de nuestro universo. Cuando hay un “para qué”.

Estos factores emocionales que intervienen en los procesos de toma de decisión son bien conocidos por las empresas que se dedican a comercializar bienes de consumo, y en sus estrategias de marketing siempre estarán presentes esas búsquedas de los resortes que movilizan la voluntad de las personas. El mueble de IKEA no lo hemos fabricando nosotros; viene ya perfectamente terminado y listo para ensamblar. Pero el hecho de que el cliente tenga que arremangarse para montarlo con sus propias manos le permite otorgar un significado íntimo y personal a esa acción. Ya no nos estamos limitando a elegirlo en el catálogo y a sacar una tarjeta de crédito. Para los que no somos demasiado manitas, ver esa estantería finalmente instalada por nosotros junto al sofá de nuestro salón es un triunfo y justifica con creces el esfuerzo.

LA CONDENA DE SÍSIFO

El mitología griega Sísifo fue condenado a trasladar una roca montaña arriba, pero, invariablemente, justo antes de alcanzar la cima, la roca rodaba de nuevo hasta la falda y Sísifo tenía que repetir el proceso. Esta historia inspiró al catedrático de psicología y economía conductual Dan Ariely a realizar un experimento hace unos años con el objetivo de tratar de determinar qué hace que las personas se sientan bien respecto a su trabajo. Para ello, su equipo de investigación cogió a 30 personas y las dividió en dos grupos de 15. A cada uno de los grupos les puso a construir seres biónicos con Lego. Cada vez que una persona del primer grupo, al que denominó el de la “situación significativa”, entregaba un ser biónico terminado, recibía tres dólares, veía como se almacenaba el fruto de su trabajo y se le preguntaba si quería ensamblar otro por un poco menos de dinero. Así, hasta que contestaban que no. Con el segundo grupo, al que se denominó el “grupo Sísifo”, se repetía el proceso en las mismas condiciones económicas, sólo que en lugar de guardar las los seres biónicos que iban construyendo, comenzaban a ser desmontados allí mismo delante de su autor. Es fácil adivinar que mientras que el primer grupo completó once construcciones como media, el segundo se rindió tras la séptima. En ambos grupos había algunas personas que habían manifestado previamente una inclinación hacia los Legos, por lo que podría suponerse que esa satisfacción personal que les proporcionaba la actividad en sí misma influiría en el resultado del experimento. Sin embargo, no fue así. Todos los miembros de ambos grupos, fueran ‘Lego lovers’ o no, obtuvieron resultados homogéneos respecto a sus compañeros.

Conclusión: la perspectiva del fruto de nuestro trabajo nos importa y da sentido y significado a lo que hacemos. ¿A qué hijo de vecino su jefe no le ha ‘enmarronado’ trabajando hasta las tantas en una presentación urgente que al final no se ha utilizado? Al final no son las horas empleadas ni el esfuerzo, si no la inutilidad de ese trabajo lo que nos desmotiva y nos saca de quicio. Todos aspiramos a que nuestro trabajo sirva para algo, que deje una huella tras de sí, y no dudaremos en poner ahí el foco y dejarnos la piel en esa tarea si creemos que va a ser así. Ya sea una cura contra una enfermedad incurable o una estantería del IKEA en la que almacenar nuestros libros de mitología griega.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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