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El momento de las tres ‘marías’

Fernando Botella, CEO de Think&Action

¿Os acordáis de la época de colegio? De pequeños solíamos establecer distintas categorías de asignaturas en función de su grado de dificultad y también de la importancia relativa que tanto nosotros como nuestros padres considerábamos que tenían en nuestra educación. Por un lado, teníamos las asignaturas “hueso” o “serias”, que eran las que realmente contaban. Ya sabéis: las Matemáticas, la Lengua, la Historia, la Biología, las Ciencias Sociales, el Inglés, … Y luego estaban las materias que llamábamos las “marías”, o sea, aquellas otras disciplinas de segunda fila que estudiábamos no se sabía muy bien por qué, (quizá para ayudarnos a subir la nota media), que no eran demasiado difíciles, pero que tampoco estaba muy claro que fueran a marcar nuestro provenir ni a servirnos de mucho en nuestra vida de adultos. El título honorífico de “maría” se lo otorgábamos, por ejemplo, a la educación física, a la música o a los trabajos manuales.

Muchos autores están estos días hablando de la relevancia que estas, llamadas “marías” están cogiendo en tiempos de confinamiento y adversidad.

Yo añado, … y lo que nos están enseñando.

Curiosamente, en estos extraños tiempos que nos está tocando vivir no son las matemáticas o la lengua los recursos a los que estamos recurriendo en nuestro día a día, aún no habiendo perdido su importancia como materias troncales; sino que son aquellas asignaturas de relleno, o ‘marías’, las que nos están salvando.

¿Quién nos lo iba a decir? Muchas de las actividades que realizamos tienen que ver precisamente con aquellas disciplinas  físicas o artísticas a las que tan poca importancia dimos en su momento.

En estos días asistimos a fenómenos curiosos.  Vemos, por ejemplo, cómo personas que cuando tenían la ciudad entera para salir a correr o un gimnasio equipado con todos los aparatos a la vuelta de la esquina no hacían deporte, ahora, en cambio, han sacado del trastero la bicicleta estática y no perdonan sus diez kilómetros diarios, o son absolutamente disciplinadas con su tabla de ejercicios en el salón de casa con la ayuda de almohadones y botes de lentejas haciendo las veces de mancuernas. O cómo quien más o quien menos desempolva la guitarra el violín, la gaita y hasta la misma flauta dulce que usaba en el cole y las saca al balcón para amenizar con ellas, (mejor o peor), a sus vecinos, o se hace un vídeo que luego sube a las redes sociales. O cómo el dibujo y las manualidades también están teniendo un papel protagonista en estos días, especialmente para aquellos que tienen hijos. Desde pintar huevos de Pascua, hasta esos carteles con arco iris con los que decoramos las ventanas. Son diversos los proyectos que están sacando al artista que todos llevamos dentro.

Dibujo, trabajos manuales, música, educación física, …todo “marías” que nos están enseñando el valor de la creatividad en las relaciones humanas en momentos de dificultad, el cuidado del cuerpo como el “envase” contenedor del espíritu, la necesidad de disponer de elementos de realización personal y artística para la sentirnos más humanos y relacionarnos con los demás que aporta la música cada noche en los balcones o desde casa, el trabajo en equipo, a la hora de sentarnos a cocinar ese nuevo plato en la cocina, a descubrir juntos qué pasaría sí mezclamos este ingrediente con este otro.

Ojalá pasado este confinamiento no se nos olviden el valor que deberán segur teniendo estas “marías” en la vida de la empresa, y también de la educación.

Estas actividades, ahora, nos sirven de tabla de salvación porque nos relajan, nos entretienen, nos mantienen activos, nos apartan de los pensamientos negativos y, sobre todo, nos conectan con nuestro entorno. Algo fundamental en estos tiempos de aislamiento. Y, como decíamos, fomentan la creatividad, el trabajo en equipo y la generación de nuevas formas de relación, esas que establecemos de manera generosa con nuestros vecinos desde los balcones en forma presencial, y con el resto del mundo a través de la tecnología.

Ahora que no podemos vernos ni tocarnos, es cuando más valor le damos al colectivo y al sentido de comunidad.

Y todo gracias a esas disciplinas “marías” a las que tan poca importancia dimos cuando las estudiábamos y que ahora, sin embargo, cobran pleno sentido.

¡Gracias tres ‘marías’!

 

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