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Tu cerebro puede predecir el futuro (II)

Del Blog “Biología de la normalidad” de Fernando Botella, CEO de Think&Action

En la película de Steven Spielberg Minority Report (2002) Tom Cruise interpreta a un policía de una unidad muy especial: la del ”PreCrimen”. Y es que en esta cinta futurista la policía es capaz de combatir el crimen….¡antes incluso de que llegue a producirse! ¿Cómo lo logran? El prodigio lo hacen posible tres mutantes dotados de asombrosas habilidades “precognitivas”. Pues bien, no hace falta acudir al cine de ciencia ficción para encontrarnos con esa capacidad. Todos contamos con ella en alguna medida.

El diccionario define “precognición” como un conocimiento anterior que facilita otro conocimiento. La precognición se halla en el lóbulo temporal derecho, donde se ha estudiado profusamente en relación a las alucinaciones que provocan ciertas patologías como migrañas o algunos casos de epilepsia. Se sabe, por ejemplo, que las precogniciones están conectadas con una hipersensibilidad en el lóbulo frontal derecho del cerebro, y también que existe una relación directa entre la capacidad para generar este tipo de conocimiento y los momentos de gran tensión emocional.

¿Cómo sería el retrato robot de una persona con capacidad precognitiva? Afortunadamente, tiene poco que ver con los mutantes que nos presentaba Spielberg. Son personas perfectamente normales que, eso sí, presentan una serie de rasgos característicos. En primer lugar, demuestran tener una curiosidad fuera de lo normal y se cuestionan permanentemente el statu quo. En ellas, el estrés o la incertidumbre tienen un efecto desencadenante, actuando como aceleradores y facilitadores de la capacidad precognitiva. La explicación a este fenómeno está en que una precognición es un recurso con el que el cerebro se defiende frente a elementos que se escapan a su control.

Las precogniciones también están relacionadas con un fenómeno al que popularmente denominamos Deja vu (en francés, “ya visto antes”).Un Deja vu es una situación aparentemente nueva pero que al experimentarla tenemos la sensación de haberla vivido ya antes. Y así es, en cierta forma. Porque lo que está sucediendo en realidad es que nuestro cerebro trata de encontrar en sus registros patrones similares con los que comprar y asimilar los nuevos escenarios. Esta es la razón por la que cuantas más experiencias acumulamos, más posibilidades hay de que vivamos un Deja vu.

El profesor de psicología y neurociencia de la Universidad de Nueva York, David J. Heeger, ha demostrado que la predicción biológica es crucial en cualquier función cerebral, así como que el cerebro es capaz de completar e interpretar las limitadas capacidades de nuestros sentidos, por ejemplo, de la vista, para captar la realidad. Si no fuera por esta capacidad para procesar, interpretar y anticiparnos a la información sensorial, seríamos incapaces de reaccionar a tiempo frente a los estímulos del mundo. El ser humano no podría ser proactivo porque llegaría demasiado tarde a todo.

El fenómeno de la inferencia cortical consiste en predecir algo para adelantarse a una situación que aun no se ha producido. Es posible gracias a una determinada arquitectura biológica que se nutre de la pre-alimentación (feed-forward), un tipo de sistema que reacciona a los cambios del entorno. Trasladado a comportamientos observables, las personas con gran empatía, es decir, aquellas que son capaces de ponerse en la piel de los demás, han desarrollado mucho los mecanismos de la atención y son capaces de interpretar la realidad más allá de la escueta información que le trasladan sus sentidos. Por esa razón, suelen estar dotadas también de una gran capacidad predictiva.

Nunca como en la actualidad, en estos tiempos acelerados y ultra flexibles, la capacidad precognitiva ha resultado tan vital para la subsistencia. El ser humano precisa adaptarse a toda velocidad a condiciones que cambian de la noche a la mañana. Necesita maleabilidad y anticipación. En este contexto, las personas precognitivas tienen una enorme ventaja. Porque cuando es casi imposible deducir lo que va a deparar el futuro, ninguna habilidad puede resultar más útil que la capacidad para asomarse a él con antelación.

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Tu cerebro puede predecir el futuro (I)

Del Blog “Biología de la normalidad” de Fernando Botella, CEO de Think&Action

Quién no ha experimentado alguna vez la sensación de que algo está a punto de suceder? Nada parece indicarlo ni hay motivos objetivos a la vista que adviertan de la proximidad de ningún suceso, pero, aun así, tenemos la casi certeza de que algo, bueno o malo, se cierne sobre nosotros de manera inminente como un águila a punto de lanzarse en picado sobre su almuerzo. Se trata de una fugaz visión que hace que fijemos nuestra atención en algo que no ha sucedido todavía y que quizá no llegue a suceder nunca.

Hay muchas formas de llamar a este fenómeno: presentimiento, pálpito, corazonada… Y es sintomático que casi todas ellas estén de algún modo relacionadas con el plano emocional. En su acepción médica, un pálpito hace referencia a un incremento en la velocidad del latido del corazón. Un suceso que nos excita o una situación de tensión provocan que aumenta la presión sanguínea y se nos acelere el pulso. Y eso es exactamente lo que nos sucede cuando salta en nuestro interior esa especie de señal de alarma procedente del futuro. Porque, a diferencia de la intuición, que puede referirse también a un acontecimiento del pasado o del presente, el presentimiento se proyecta siempre en lo que está por acontecer, y eso lo convierte en un fenómeno aun más fascinante.

Probablemente la palabra más poderosa para referirse a este tipo de fenómenos sea premonición. Una premonición es la capacidad para percibir algo que no es visible todavía. En otras palabras, las premoniciones pertenecen al ámbito extrasensorial, terreno siempre resbaladizo a la hora de buscar explicaciones racionales. De hecho, ni la ciencia ni el mundo de lo paranormal acaban de echarle el guante a esta rara capacidad que nos pone en guardia frente a posibles sucesos venideros. Las premoniciones son un misterio de principio a fin, y en realidad aun no sabemos a ciencia cierta si su razón de ser se fundamenta en la causalidad –adivinamos porque acumulamos conocimiento y esto nos permite proyectar relaciones causa/efecto- o si son un mero producto del azar.

Y ya sabemos que nada resulta más atrayente para la ciencia que los misterios. Los científicos se han afanado en tratar de domar a los presentimientos, intentando explicar sus causas y mecanismos. Una de las teorías que se han lanzado en este sentido intenta ligar los pálpitos o corazonadas al subconsciente. Su argumento es el siguiente: mientras que el mundo consciente se desarrolla en una línea temporal perfectamente delimitada, nuestro yo inconsciente habita una dimensión ajena a cualquier cuadro de tiempo. Esta es la razón por la que dentro de esa esfera el futuro puede presentársenos en cualquier momento y forma.

Otros estudios localizan esa capacidad para anticipar el futuro en el lóbulo frontal derecho del cerebro, hogar de la creatividad. Se cree, de hecho, que las premoniciones son más frecuentes y fecundas en las personas creativas. Al fin y al cabo, la creatividad no es otra cosa que la capacidad para ver la realidad de manera desacostumbrada para así generar múltiples alternativas. Por eso las premoniciones tienen mucho que ver con las fantasías, con cosas que podrían suceder aunque no tengamos la seguridad de que eso vaya a ser así. En la literatura y el cine las premoniciones suelen asociarse a brujos y chamanes. No es raro, puesto que lo que hace a una persona candidata a experimentar estas visiones es su capacidad para ver realidades que para otros pasan inadvertidas. Sin embargo, sus sueños no tienen nada que ver con pócimas humeantes o danzas rituales, sino con una manera de pensar “fuera de la caja” que les permite anticipar caminos alternativos para interpretar una misma realidad. No son magos, son “precogniscentes”. Aunque eso es algo que veremos en la segunda parte de este post.

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Por unas Navidades razonables

Del Blog “Biología de la normalidad” de Fernando Botella, CEO de Think&Action

Ya están aquí las Navidades, un periodo del año que inevitablemente afecta a nuestro estado de ánimo y a nuestro comportamiento. Esto es debido, fundamentalmente, a la enorme cantidad de condicionantes culturales que lleva asociada esta festividad. Familia, religión, tradición, consumo, celebraciones, vacaciones y sensación de cambio de ciclo, todo ello en grandes cantidades y concentrado en un espacio de tiempo unas pocas semanas. Este potente mix es el caldo de cultivo perfecto para desequilibrarnos emocionalmente, hasta el punto de que muchos lleguen a no reconocerse a si mismos. Como si el efecto de los villancicos y las luces del árbol nos trastornara de tal manera que dejáramos transitoriamente de ser esas personas sensatas que acostumbramos a ser durante el resto del año para dar rienda suelta a todo tipo de excesos.

Quizá lo primero que deberíamos hacer antes de afrontar estas festividades es preguntarnos qué significado tienen para nosotros y cómo queremos vivir este periodo de tiempo. Tomadas en su sentido etimológico, es decir, como un renacer continuo (“Navidad” en latín significa “nacimiento”), puede ser algo realmente reparador, un momento en el que hacer balance, contextualizar y volver la mirada hacia las cosas realmente importantes de la vida. Así vistas, las Navidades pueden ser algo estupendo. Pero si las vivimos del modo en que la sociedad de consumo las ha acabado convirtiendo, una imposición consumista y propicia para cometer excesos de todo tipo, eso ya es distinto.

Una de las características más peligrosas de las Navidades es que es un periodo de tiempo en el que cual somos más laxos en la revisión de nuestras propias decisiones, especialmente con todas aquellas que están relacionadas con el consumo. La compra por impulso hace acto de presencia de un modo mucho más acusado que en otros momentos del año, llegando a tomar el control de nuestros movimientos. Somos indulgentes con nuestros errores y tendemos a extralimitarnos incluso en aquellos acontecimientos sociales sobrevenidos o de compromiso (por ejemplo, la cena de la empresa). Es como si dejáramos a de vigilarnos a nosotros mismos y aprovecháramos esa dispensa temporal para campar a nuestras anchas.

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FELICES MOMENTOS LLENOS DE VIDA, EN ESTAS FIESTAS NAVIDEÑAS Y SIEMPRE… RECIBAMOS EL 2019 CON LOS BRAZOS ABIERTOS

Equipo de Think&Action

Esperamos que mientras estés leyendo este mensaje te acompañe una gran sonrisa y  estés preparad@ para disfrutar todas las cosas buenas que tienes a tu alrededor.

Hoy queremos darte las GRACIAS en forma de mensaje Navideño:

·       Gracias por hacernos formar parte de vuestro viaje y hacerle nuestro…
·       Gracias por permitirnos asumir nuevos retos cada día junto a vosotros…
·       Gracias por haberos interesado en algún momento por alguna actividad de las que llevamos a cabo en Think&Action
·       Gracias por perdonarnos si algo no salió como esperabais…
·       Gracias por dejarnos crecer y superarnos cada día…Aprovechamos para desearte unas felices fiestas y sobre todo mandarte nuestros mejores deseos para el 2019.

Que tengas un año realmente bonito, lleno de nuevos retos y de momentos llenos de VIDA.Si te encuentras con adversidades, que tengas la fuerza e ilusión necesarias para enfrentarte a ellas y que consigas superar todos tus retos personales y profesionales.

Recibe el 2019 con los brazos abiertos y vive con PASIÓN todo lo que hagas…

Puedes elegir sentirte un desgraciad@, seguro que tienes tus motivos para pensarlo…Pero también está en tu mano elegir sentirte afortunado por todo lo que vive en TI…

Felices Fiestas, Felices Momentos

¡¡Seguiremos JUNTOS dando lo mejor de nosotros!!
Muchas graciass

Un abrazo de todo el equipo de Think&Action

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¿ Eres de los que saltan en la grada nada más empezar el partido o de los que esperan a que haya un buen resultado para saltar?

Estela Sánchez, Directora Ejecutiva de cuentas 

Esta semana tuve la oportunidad de ir a un partido de futbol de los de “verdad”…

¡¡A mi que no me gusta nada el fútbol!!

 Pero me pareció una experiencia bonita para vivir en familia…¡¡Y así fue!!

Estuve realmente emocionada durante todo el partido…

Pude observar de forma curiosa como el “equipo contrario” animaba sin descanso a su equipo, saltando todos juntos y cantando sin parar…¡¡Todo era alegría!!

Yo personalmente estaba más contagiada por toda esa energía que por la “nuestra” que  apenas decíamos nada, y eso que estábamos en “nuestra casa”

¿Sabéis quien ganó?

El equipo que tanto animaba y que no perdió la energía desde que comenzó hasta que acabó el partido, sin descanso.

¿Nos sentimos así con nuestros equipos?

¿Hacemos nosotros que “los que están jugando“ se sientan tan poderosos que ejecuten con éxito sus proyectos?

Ahora más que nunca, son cruciales las conversaciones con los demás y la integracióncon todos y cada uno de los miembros de una organización…

Si queremos “ganar”, cada uno debe hacer su papel de forma excelente para que TODOS GANEMOS

Estoy segura de que ese día, la “grada saltarina” siguió saltando y celebrando mucho después, porque se sintió parte de ese resultado…¡¡Y es que realemente lo fue!!

En Think&Action ayudamos a la integración y cohesión de los equipos

La transformación no es un evento, es un camino…

Y para tener éxito tenemos que hacerle TODOS JUNTOS.

¿Te sientes de los que saltan en la grada nada más empezar el partido o de los que esperan a que haya un buen resultado para saltar?

Yo quiero ser de los primeros…Cansa más, pero es mucho más gratificante y si me apuras, hasta más divertido…

¿Saltamos juntos?

Feliz día

¡¡Nos vemos pronto!!

Estela.

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“Aprenda a desaprender” (parte II)

Del Blog “Biología de la normalidad” de Fernando Botella, CEO de Think&Action

Desaprender se ha convertido en uno de los rasgos diferenciales en nuestros días. Una cualidad que abre muchas puertas en esta época de cambios permanentes y de volatilidad. Pero, ¿existe un perfil desaprendedor? ¿Cuáles son esas cualidades que definen al experto en desandar lo andado?

En primer lugar habría que señalar que el desaprendizaje está íntimamente relacionado con la cultura del esfuerzo. Esto quiere decir que las personas que practican esta revisión permanente de sus conocimientos saben aplazar la recompensa y tienen la capacidad de estar permanentemente abiertos a lo nuevo. Poseen disciplina de aprendizaje y son capaces de mantener el esfuerzo a lo largo del tiempo. De este modo no ven limitadas ni comprometidas sus posibilidades de futuro, sino que son capaces de adaptarse a los nuevos tiempos sin perder oportunidades.

Otra característica de estos “desaprendedores” es que son personas que viven en permanente un estado “wow” . Están predispuestos a dejarse sorprender porque no dan nada por sentado. Dan más importancia al proceso que a los resultados, al camino que a la meta. Y si se dan cuenta de que hay algo en el camino recorrido que les chirría, no tienen en problema en retroceder. Su carácter es más proclive a dar que a recibir. Son generosos con los demás y con ellos mismos. Y esa generosidad incluye indulgencia plena para aprender de cualquiera y en cualquier momento. Tienen una alta capacidad de observación y son unos maestros en el uso de las preguntasEn lugar del “tú te callas y me dejas hablar a mí”, su filosofía es más del “¿y tú qué opinas?”. Toleran el error y hasta lo alientan siempre que de él se pueda extraer algún aprendizaje. Potencian más las destrezas o habilidades que los conceptos. Son más flexibles que rígidos y viven alejados del prejuicio y del cliché.

Aprendizaje dinámico

Uno de los grandes desaprendedores de la historia fue Santiago Ramón y Cajal. Decía el Premio Nóbel de medicina que “los seres humanos somos arquitectos de nuestro propio cerebro”. Con estas palabras, Ramón y Cajal se estaba refiriendo claramente a la capacidad plástica de nuestro cerebro, a pesar de que la tecnología disponible en su época no le permitiera observarla científicamente aun. El Premio Nobel español nos estaba anticipando algo que hoy sabemos con certeza: la naturaleza dinámica del aprendizaje humano. Siempre puede ser revisado y reajustado. El aprendizaje en el ser humano es incompleto, tiene forma de espiral. A diferencia de otros monos de carácter antropomórfico, los humanos nacemos con una cabeza relativamente pequeña y somos, como consecuencia de ello, más inmaduros cerebralmente. Esta aparente desventaja en realidad es muy beneficiosa para el posterior desarrollo de nuestro cerebro, ya que favorece el surgimiento de innumerables redes neuronales en el mismo.

En los años 60 del siglo pasado, el neurocientífico Joseph Altman demostró que no es cierto el mito de que nacemos con un número finito de neuronas que van muriendo a medida que cumplimos años. Su teoría de la neurogénesis probó que las neuronas se van reponiendo y que nacen nuevas unidades también a lo largo de la vida adulta. Esa generación de nuevas neuronas se produce en dos áreas localizadas del cerebro: la zona subgranular delgiro dentadodelhipocampoy lazona subventricularde losventrículos laterales. La neurogénesis adulta es fundamental para el aprendizaje, ya que las nuevas neuronas se comunican con las ya existentes para producir nuevas conexiones y sentar las bases para nuevos aprendizajes. Este fenómeno es conocido como neuroplasticidad.

Hoy sabemos que las neuronas tienen la facultad de estar en permanente estado de reorganización. El cerebro se reestructura de forma continua a través de nuevas conexiones o sinapsis. Se establecen nuevos circuitos neuronales capaces de reorganizar la información. El ser humano desarrolla unos 85 millones de neuronas a lo largo de su vida. Pero el ser más inteligente del planeta no es aquel que genera mayor número de neuronas, sino aquel en cuyo cerebro se generan nuevas y diferentes conexiones.

Y en realidad, tiene mucho sentido. Porque en eta nueva era digital y global, las interconexiones, humanas o neuronales, lo son todo.

Para ver el artículo haz click aquí: https://www.larazon.es/blogs/sociedad-y-medio-ambiente/biologia-de-la-normalidad/aprenda-a-desaprender-parte-ii-CH20726884

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¿Te cuidas por dentro o solo por fuera?

Estela Sánchez, Directora Ejecutiva de Cuentas en Think&Action

Ayer fui a varios eventos, uno de ellos fue de belleza.

Tenía curiosidad de saber como estaba organizado, si era tan bonito como me imaginaba y si podía aprender algo…

Al fin y al cabo nosotros en Think&Action nos dedicamos a aportar valor a las organizaciones generando experiencias que dejen huella en cada uno de los participantes…

Me llevé muchas sorpresas “y no todas buenas” que me hicieron reflexionar…

¿Por qué estamos más preocupados por nuestra belleza exterior que por nuestra belleza interior?

Ahora que está tan de moda el “détox” me pregunto…

¿Limpiamos nuestras emociones también o sólo nuestro cuerpo?

Cuando nuestra empresa nos propone una formación para ayudarnos a  mejorar nuestras habilidades, reciclarnos, aprender cosas nuevas…

¿Nos lo tomamos como un reto o como una “faena” porque nos da pereza?

Te guste o no, tu eres el protagonista del CAMBIO y tu decides si quieres ser el profesional que necesitan las empresas HOY o si prefieres cuidarte solo por fuera…

Que no te asusten palabras como LÍDER pues detrás, se encierran muchos básicos que son necesarios para tu vida, para ser una buena persona, para “ser ejemplo” y ayudar a que los demás también lo sean…

¡Para ser feliz, tanto en tu trabajo como en tu vida!

Mejora la escucha atenta, evita juicios, comunícate inspirando a los demás…

Y además, disfruta con ello…

Tu decides si te quieres cuidar SOLO por FUERA o también por DENTRO…

Feliz día

¡¡Nos vemos en el próximo evento!!

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La tarara si, la tarara no…

Estela Sánchez, Directora Ejecutiva de Cuentas en Think&Action 

Me pasa solo a mi o, ¿¿ tu también estás cansad@ de tanto Black??

Para mi hoy es un día lleno de color, nada de negro, y no es porque sea Viernes, sino porque he disfrutado de una semana interesante llena de muchos aprendizajes y me noto hinchada…

Hinchada pero no de kilos (O eso espero…), sino de conocimientos, pensamientos, sentimientos y muchas dudas y reflexiones conmigo misma.

He conocido a gente muy diversa y con formas de pensar muy diferentes…Como cada semana. Afortunadamente nuestro día a día en Think&Action es ese, compartir muchos momentos con personas de muy diversa índole y disfrutar de ello.

Eventos en torno a la ( “como no”) Transformación Digital. Eventos organizados por Think&Action y otros como invitada.

La transformación no es una moda, es una constante de nuestro día a día…Como dice Fernando Botella en su libro Bienvenidos a la Revolución 4.0, citando a Jorge Dexler, “Nada se pierde, Todo se transforma”.

Y nosotros no vamos a ser menos…

Si hay que transformarse, ¡¡nos transformaremos!! …¿O no?

Pero por favor, explicarnos que vamos a ganar nosotros con ello.

No nos deis herramientas tecnológicas de última generación sin contarnos “para qué” sirven y sobre todo, en que me van a hacer la vida más fácil…Porque si no, igual ni las uso…Puede que entre a cotillear, porque la curiosidad forma parte de mi, pero luego, ni vuelva a entrar al no ser que me obligues, y quizá, ni por esas…¿NO crees?

Parece muy obvio y fácil de entender, pero…

¿Se hace de verdad? ¿Estamos las empresas haciéndolo bien?

¿Dedicamos tiempo a explicar ese para qué?

¿Damos espacio a escuchar de verdad?

¿Dedicamos tiempo a eliminar los miedos y a despejar las inquietudes de la gente?

No sirve con saberlo, hay que HACERLO, y no de cualquier manera…

HACERLO BIEN.

No empecemos la casa por el tejado y forjemos unos buenos cimientos…

Pregunta a tus colaboradores, haz workshops con gente de diferentes generaciones, con diferentes funciones, de lo más diversa posible, en los que de una forma ordenada y con metodologías apropiadas para ello, puedas obtener la información que necesitas…

Y después de analizar el resultado…¡¡Ponte manos a la obra!!

Si de verdad piensas que la persona está en el centro…¿Por qué no lo demuestras?

Besos y feliz díaaaa (o noche)

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“Aprenda a desaprender” (parte I)

Del Blog “Biología de la normalidad” de Fernando Botella, CEO de Think&Action

Un famoso maestro lanzó un reto a un joven que le había podido convertirse en su discípulo. Le formularía una pregunta, y si conseguía responderla correctamente, él accedería a convertirse en su maestro en el plazo de tres años. A pesar de que tres años se antojaba una espera demasiado larga, el aspirante estaba tan ansioso por acceder a los conocimientos de aquel gran sabio que se afanó en encontrar la respuesta hasta que logró dar con ella. Entonces el maestro le dijo: “tu respuesta es correcta, vuelve dentro de tres años”. Transcurrido ese tiempo, al discípulo aventajado se le ocurrió preguntar a su mentor qué habría ocurrido de no haber encontrado la respuesta. Este le miró y le dijo: “que te habría admitido como discípulo al instante”.

La moraleja que podemos extraer de este pequeño cuento es simple: para asumir enseñanzas nuevas antes es necesario aclarar la mente y dejar espacio libre para lo nuevo. En plena Era VUCA, la historia del maestro y sus resabiados discípulos es especialmente pertinente. Porque la cantidad de información que pasa hoy por nuestra mente excede con mucho nuestra capacidad para procesarla. O, al menos, excede la capacidad a la que estamos acostumbrados a procesarla. Y no se trata de una simple cuestión de volumen. La velocidad con la que se actualizan los conocimientos, en la que por la tarde surgen novedades que dejan obsoletas a las que aprendimos por la mañana, nos obliga a gestionar el conocimiento que almacenamos en ese prodigioso (pero limitado) disco duro al que llamamos “cerebro” de una forma nunca vista hasta la fecha. Algunos hablan de la capacidad de “desaprender” lo aprendido como la gran cualidad intelectual de esta Era tecnológica. De la necesidad de transformar nuestra mente en un órgano flexible, sujeto a constantes revisiones, sin atarse a dogmas o tradiciones. De convertirse en un órgano líquido. Conviene, sin embargo, comentar algunos aspectos acerca del concepto de “desaprendizaje”.

En primer lugar hay que aclarar que, aunque etimológicamente pueda parecerlo, “desaprender” no es lo contrario de “aprender”. Uno no puede formatear el cerebro. Es imposible. No existe ese botón que simplemente borre lo sobrante o lo inservible para dejar vía libre a lo nuevo. El cerebro no funciona a sí. Lo que hemos aprendido es inmutable, se queda con nosotros para siempre. Por eso, desaprender tiene más que ver con replantarse lo ya aprendido, con mirarlo de otra manera y desde otro punto de vista. Pero teniendo claro que lo nuevo no elimina lo antiguo. Lo que sí es posible es superponerlo, darle mayor peso e importancia para que nuestro cerebro lo seleccione por encima de aquello que ya no nos es útil.

En realidad el problema no está en aquello que ya sabemos, sino en darnos el permiso para cuestionarnos esos conocimientos e, incluso, para dejar de creer en ellos. Desaprender es precisamente plantearse de forma crítica lo que uno sabe. La primera ventaja de este enfoque es que nos pone alerta y nos hace conscientes de que lo que antes nos funcionaba es posible que haya dejado de funcionar, y que, por tanto, deberemos apartarlo y considerar otras opciones. Esa es la clave. Incorporar nuevas opciones. Porque hacer las cosas diferentes solo porque está de moda o porque queda bien no es desaprender. Todo desaprendizaje implica un nuevo aprendizaje. Ya que lo contrario sería como poner una venda en la herida sin curarla antes. Al desaprender estamos curando la herida.

Radiografía del “desaprendedor”

¿Y cómo son estos “desaprendedores”? El desaprendizaje está íntimamente relacionado con la cultura del esfuerzo. Esto quiere decir que las personas que desaprenden saben aplazar la recompensa y tienen la capacidad de estar permanentemente abiertos a lo nuevo. Poseen disciplina de aprendizaje y son capaces de mantener el esfuerzo a lo largo del tiempo. De este modo no ven limitadas ni comprometidas sus posibilidades de futuro, sino que son capaces de adaptarse a los nuevos tiempos sin perder oportunidades.

Otra característica de estos “desaprendedores” es que son personas que viven en permanente un estado “wow” . Están predispuestos a dejarse sorprender porque no dan nada por sentado. Dan más importancia al proceso que a los resultados, al camino que a la meta. Y si se dan cuenta de que hay algo en el camino recorrido que les chirría, no tienen en problema en retroceder. Su carácter es más proclive a dar que a recibir. Son generosos con los demás y con ellos mismos. Y esa generosidad incluye indulgencia plena para aprender de cualquiera y en cualquier momento. Tienen una alta capacidad de observación y son unos maestros en el uso de las preguntas. En lugar del “tú te callas y me dejas hablar a mí”, su filosofía es más del “¿y tú qué opinas?”. Toleran el error y hasta lo alientan siempre que de él se pueda extraer algún aprendizaje. Potencian más las destrezas o habilidades que los conceptos. Son más flexibles que rígidos y viven alejados del prejuicio y del cliché.

Aprendizaje dinámico

“Los seres humanos somos arquitectos de nuestro propio cerebro”, decía Santiago Ramón y Cajal, quien ya se estaba refiriendo claramente a esa capacidad plástica de nuestro cerebro a pesar de que la tecnología disponible en su época no le permitiera observarla científicamente aun. El Premio Nobel español nos estaba anticipando algo que hoy sabemos con certeza: la naturaleza dinámica del aprendizaje humano. Siempre puede ser revisado y reajustado. El aprendizaje en el ser humano es incompleto, tiene forma de espiral. A diferencia de otros monos de carácter antropomórfico, los humanos nacemos con una cabeza relativamente pequeña y somos, como consecuencia de ello, más inmaduros cerebralmente. Esta aparente desventaja en realidad es muy beneficiosa para el posterior desarrollo de nuestro cerebro, ya que favorece el surgimiento de innumerables redes neuronales en el mismo.

En los años 60 del siglo pasado, el neurocientífico Joseph Altman demostró que no es cierto el mito de que nacemos con un número finito de neuronas que van muriendo a medida que cumplimos años. Su teoría de la neurogénesis probó que las neuronas se van reponiendo y que nacen nuevas unidades también a lo largo de la vida adulta. Esa generación de nuevas neuronas se produce en dos áreas localizadas del cerebro: la zona subgranular del giro dentado del hipocampo y la zona subventricular de los ventrículos laterales. La neurogénesis adulta es fundamental para el aprendizaje, ya que las nuevas neuronas se comunican con las ya existentes para producir nuevas conexiones y sentar las bases para nuevos aprendizajes. Este fenómeno es conocido como neuroplasticidad. Hoy sabemos que las neuronas tienen la facultad de estar en permanente estado de reorganización. El cerebro se reestructura de forma continua a través de nuevas conexiones o sinapsis. Se establecen nuevos circuitos neuronales capaces de reorganizar la información. El ser humano desarrolla unos 85 millones de neuronas a lo largo de su vida. Pero el ser más inteligente del planeta no es aquel que genera mayor número de neuronas, sino aquel en cuyo cerebro se generan nuevas y diferentes conexiones.

Para ver el artículo haz click aquí: https://www.larazon.es/blogs/sociedad-y-medio-ambiente/biologia-de-la-normalidad/aprenda-a-desaprender-parte-i-CA20570301