LA GRAN PARTIDA DE MUS

LA GRAN PARTIDA DE MUS

A Mariano le hubiera gustado enganchar un solomillo como en otras ocasiones, pero esta vez los reyes están más repartidos que nunca. La grande está a pachas con Pedro y para la chica han aparecido nuevos jugadores con ganas de farol y hasta de órdago. Mariano pasa y espera a que el resto juegue sus cartas. Pedro queda descolocado y tampoco termina de decidirse a envidar. Pablo se la juega fuerte a la chica y Albert, que tiene juego y pares aunque no muy buenos, permanece a la espera con la esperanza de que sus cartas le alcancen para llevarse algún amarraco.

La gran partida de mus de la política española a la que asiste la ciudadanía entre atónita y expectante evidencia un mal endémico de nuestra clase política: su escasa cultura negociadora. Al menos, de puertas para afuera, cuando se sienten observada por los votantes y cualquier concesión al “contrario” puede ser interpretada (o eso creen ellos) como debilidad. Han sido demasiados años instalados en la teoría del conflicto o en juegos de suma cero, en los que la única manera de relacionarse con el adversario era imponiéndose o siendo derrotado. Pocas veces han necesitado aparcar sus diferencias ideológicas para llegar públicamente a entendimientos beneficiosos para todas las partes. Y esa inercia no les permite, en apariencia, alcanzar acuerdos tampoco ahora, cuando la sociedad española les ha hecho el mandato de hacerlo.

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