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¡A tu cerebro le gusta ganar! (parte 2)

Del Blog “Biología de la normalidad” de Fernando Botella, CEO de Think&Action

Nos gusta pensar que en el juego de la vida todos partimos con las mismas cartas y posibilidades. Sin embargo, no hay más que echar un vistazo a nuestro alrededor para comprobar que esto no es del todo cierto. Antes se solía decir que el fútbol es un deporte que inventaron los ingleses, en el que juegan 11 contra 11 y siempre gana Alemania. Parece un tanto exagerado, pero lo cierto es que todos hemos observado cómo hay personas, familias, equipos, empresas o naciones que parecen más proclives éxito que otros. Evidentemente factores como la educación recibida, los medios materiales o los contactos influyen. Sin embargo, muchas veces se pasa por alto otro elemento que tiene una influencia decisiva en que la trayectoria de una persona sea más o menos exitosa. Y es el hecho de que el éxito, como ya adelantábamos en la primera parte de este post, se puede entrenar.

Los científicos aconsejan diversas técnicas para entrenar a nuestro cerebro en el éxito. Una de las más extendidas y utilizadas con profusión, por ejemplo, por los deportistas profesionales es la visualización. Mediante esta herramienta, nos imaginamos a nosotros mismos resolviendo con éxito una situación que nos preocupa pero que aun no se ha producido (un examen, una entrevista de trabajo, una presentación en público, un partido de tenis…). De esta manera, engañamos a nuestro cerebro, haciéndole creer que está viviendo una experiencia real cuando únicamente se trata de una proyección. Sin embargo, nuestro órgano pensante no la procesará como tal, sino que almacenará en el subconsciente esa experiencia como vivida, y cuando se presente la situación real, la recuperara para utilizarla como antecedente en nuestro beneficio. Como dice el investigador John Assaraf, creador de la metodología “Tablero de Vision” -metodología que consiste en hacer una representación en imágenes de lo que una persona quisiera tener o hacer con su vida como punto de partida para llegar hasta ese objetivo-, “si puedes visualizarlo, puedes materializarlo”.

Repetirnos diariamente a nosotros mismos afirmaciones de carácter positivo (del estilo de ‘¡tú puedes!”) es otro buen recurso para ayudarnos a poner a nuestro cerebro en modo ganador. Como ya veíamos con la técnica de la visualización, nuestro cerebro no distingue muy bien lo real de lo virtual. Por esta razón, las repeticiones sistemáticas de una serie de enunciados vinculados al éxito harán que nuestro subconsciente las imprima en sus patrones como si realmente aquellos deseos se trataran de logros efectivamente conseguidos y no de meros deseos.

No siempre hará falta engañar a nuestro cerebro. Con toda seguridad, cada uno de nosotros puede rememorar situaciones reales de nuestra vida en las que logramos aquello que nos propusimos o realizamos un buen trabajo. Recuperar esos recuerdos de éxito, intentando identificar aquellos comportamientos que nos ayudaron a lograrlos, mejorará nuestra autoestima y nos situará instantáneamente en modo ganador.

La meditación es otra interesante puerta de entrada al éxito. Sus beneficios son múltiples, ya que libera endorfinas y provoca una enorme calma interior en quien la practica, algo que ayuda a romper con todo tipo de limitaciones. Y el éxito es siempre más fácil de alcanzar cuando no está entorpecido por creencias limitantes. El principal inconveniente de la meditación es que no es una técnica sencilla y requiere bastante entrenamiento para llegar a dominarla.

Por último, existen una serie de técnicas relacionadas con hábitos y un estilo de vida saludable que también nos pueden conducir por la senda de la positividad. La ventaja de estos “trucos” naturales es que son sencillos y de fácil aplicación. Por si solos ninguno de ellos obra milagros, pero combinados con otras técnicas, nos pueden proporcionar ese pequeño plus que necesitamos para reprogramarnos en clave ganadora.

Está más que demostrado, por ejemplo, que dormir bien y en un número suficiente de horas favorece las sinapsis, es decir, las conexiones neuronales, incrementando así nuestras posibilidades de encontrar múltiples respuestas ante un problema dado y, por tanto, de resolverlo. Evitar el exceso de azúcar sería otra de estas recomendaciones. Se suele hablar del azúcar como revitalizante por el efecto de “chute” de energía o “subidón” que provoca. Sin embargo, en realidad, ese efecto es bastante engañoso y hasta contraproducente, ya que se trata de una energía que se consume rápidamente y que provoca agotamiento y degeneración en el cerebro. Algo tan de andar por casa como la postura corporal también puede tener su influencia en un resultado. Una postura firme, erguida y abierta, nos va a disponer hacia el éxito mucho más que una espalda encorvada, un ceño fruncido o unos brazos cruzados en actitud defensiva. Por último, pasar un tiempo expuestos a la luz de Sol también es recomendable, ya que ese hábito nos nutre de vitamina D, fundamental para la salud de nuestro cerebro.

Nuestro cerebro es un órgano mucho más flexible de lo que pensamos y puede ser reprogramado con relativa facilidad. Hace falta, eso sí, conocer las técnicas, ser constante en su aplicación, y tener claro el objetivo que perseguimos con ello.

Para leer el artículo haz click aquí: https://www.larazon.es/blogs/sociedad-y-medio-ambiente/biologia-de-la-normalidad/a-tu-cerebro-le-gusta-ganar-parte-2-JH23062902 

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¡A tu cerebro le gusta ganar! (parte 1)

Del Blog “Biología de la normalidad” de Fernando Botella, CEO de Think&Action

Sobre el fracaso y sus consecuencias existe numerosa literatura en clave positiva. Se dice, por ejemplo, que no puede haber aprendizaje sin error, que de los golpes se aprende, que a las personas se las mide no por las veces que se caen, sino por las que se levantan… Todas estas frases hechas tienen un fondo de verdad, y es que una de las grandes capacidades cognitivas del ser humano es su capacidad para extraer conocimiento útil de sus equivocaciones con el objetivo de no repetirlas en el futuro. Dicho esto, debemos matizar y aclarar el supuesto valor curativo de los fracasos en nuestra mente. Porque ni todas las meteduras de pata tienen ese efecto de vacuna frente a los errores futuros, ni nuestro cerebro está especialmente entrenado para no salirse con la suya.

Lo primero que habría que decir es que no todos los fracasos son fuentes de aprendizaje. Lo serán solo en la medida en que sepamos identificar aquellos comportamientos erróneos que nos impidieron obtener el efecto deseado, y tomemos medidas para corregirlos la próxima vez que lo intentemos. De lo contrario seremos contumaces en el error, y lo único que estaremos haciendo es entrenarnos en él. El error pasa a convertirse entonces en un hábito que se repite sistemáticamente, entrando en un bucle vicioso del que es muy difícil salir. No hay ningún tipo de aprendizaje en esa clase de fracaso.

Por otra parte, aunque podamos salir indirectamente beneficiados de un fracaso, lo cierto es que es que a nuestro cerebro no le gusta perder ni al parchís. Al cerebro lo que le encanta es ganar. El éxito es el responsable directo de que en nuestro organismo se disparen una serie de hormonas y conexiones neuronales que nos hacen, por decirlo así, más guapos, más listos y más proclives a seguir triunfando… Sí, el éxito también se entrena y puede llegar a convertirse en un hábito. Gracias a él nos sentimos tocados por una varita mágica que convierte en oro todo cuanto tocamos. De manera contraria, el fracaso hace que nuestro ánimo se resienta, que nos vengamos abajo y que llevamos, de alguna manera, la derrota pintada en la cara.

El neurocientífico cognitivo Ian Robertson ha sido uno los autores que más ha estudiado el efecto del éxito y el fracaso en el cerebro humano. Sus investigaciones, plasmadas en su libro “El efecto ganador”, intentan establecer patrones que expliquen por qué unas personas tienen más éxito en la vida que otras. Según Robertson, la química cerebral se altera significativamente cuando nos hayamos inmersos en la persecución de un objetivo. Este investigador asegura que los niveles de testosterona en sangre aumentan hasta en un 33% en una situación de juego o competición, algo que hace que se alimente nuestra necesidad de perseguir el éxito a toda costa. De igual modo, también aumentan nuestros niveles de dopamina, hormona que actúa como neurotransmisor del placer. Ambas hormonas trabajando juntas son las responsables de un estado de excitación que hace que parezcamos poco menos que indestructibles. El éxito es, de alguna manera, adictivo y hace que nos comportemos como una especie de yonquis del triunfo.

Otro investigador, Timothy Vickery, profesor de psicología de la Universidad de Delaware, también ha profundizado en los efectos que éxitos y fracasos tienen en los procesos cerebrales. En un artículo publicado en2011 en la revista Neuron señala que la mayor parte de la energía que nuestro cerebro consume diariamente está destinada a procesos competitivos y de mejora en términos de aprendizaje. Un fenómeno que este investigador relaciona con los procesos asociados a la supervivencia, la localización cerebral y la neuromorfología.

Vickery ha demostrado que éxito y fracaso competen a prácticamente a todo el cerebro, es decir, que ganar o perder son cuestiones cruciales de las que es responsable toda nuestra mente, no únicamente una parte. Para demostrarlo, este investigador recurrió a un experimento muy sencillo. Reunió a un número de personas a las que sometió a una serie de juegos simples. Mientras jugaban, los participantes eran sometidos a un escáner cerebral y a una resonancia magnética. En todos los casos, los resultados de estas pruebas mostraron que la actividad cerebral estaba repartida por todo el cerebro.

Así pues, nuestro cerebro no se toma el ganar o el perder como una moneda arrojada al aire, sino que pondrá todos sus medios, como si se tratara de un equipo profesional deportivo, en hacer que esa moneda caiga de cara. En un próximo post veremos qué técnicas podemos utilizar para entrenar a nuestro cerebro en el éxito.

Para ver el artículo haz click aquí:https://www.larazon.es/amp/blogs/sociedad-y-medio-ambiente/biologia-de-la-normalidad/a-tu-cerebro-le-gusta-ganar-parte-1-AH22615306

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Tu cerebro puede predecir el futuro (II)

Del Blog “Biología de la normalidad” de Fernando Botella, CEO de Think&Action

En la película de Steven Spielberg Minority Report (2002) Tom Cruise interpreta a un policía de una unidad muy especial: la del ”PreCrimen”. Y es que en esta cinta futurista la policía es capaz de combatir el crimen….¡antes incluso de que llegue a producirse! ¿Cómo lo logran? El prodigio lo hacen posible tres mutantes dotados de asombrosas habilidades “precognitivas”. Pues bien, no hace falta acudir al cine de ciencia ficción para encontrarnos con esa capacidad. Todos contamos con ella en alguna medida.

El diccionario define “precognición” como un conocimiento anterior que facilita otro conocimiento. La precognición se halla en el lóbulo temporal derecho, donde se ha estudiado profusamente en relación a las alucinaciones que provocan ciertas patologías como migrañas o algunos casos de epilepsia. Se sabe, por ejemplo, que las precogniciones están conectadas con una hipersensibilidad en el lóbulo frontal derecho del cerebro, y también que existe una relación directa entre la capacidad para generar este tipo de conocimiento y los momentos de gran tensión emocional.

¿Cómo sería el retrato robot de una persona con capacidad precognitiva? Afortunadamente, tiene poco que ver con los mutantes que nos presentaba Spielberg. Son personas perfectamente normales que, eso sí, presentan una serie de rasgos característicos. En primer lugar, demuestran tener una curiosidad fuera de lo normal y se cuestionan permanentemente el statu quo. En ellas, el estrés o la incertidumbre tienen un efecto desencadenante, actuando como aceleradores y facilitadores de la capacidad precognitiva. La explicación a este fenómeno está en que una precognición es un recurso con el que el cerebro se defiende frente a elementos que se escapan a su control.

Las precogniciones también están relacionadas con un fenómeno al que popularmente denominamos Deja vu (en francés, “ya visto antes”).Un Deja vu es una situación aparentemente nueva pero que al experimentarla tenemos la sensación de haberla vivido ya antes. Y así es, en cierta forma. Porque lo que está sucediendo en realidad es que nuestro cerebro trata de encontrar en sus registros patrones similares con los que comprar y asimilar los nuevos escenarios. Esta es la razón por la que cuantas más experiencias acumulamos, más posibilidades hay de que vivamos un Deja vu.

El profesor de psicología y neurociencia de la Universidad de Nueva York, David J. Heeger, ha demostrado que la predicción biológica es crucial en cualquier función cerebral, así como que el cerebro es capaz de completar e interpretar las limitadas capacidades de nuestros sentidos, por ejemplo, de la vista, para captar la realidad. Si no fuera por esta capacidad para procesar, interpretar y anticiparnos a la información sensorial, seríamos incapaces de reaccionar a tiempo frente a los estímulos del mundo. El ser humano no podría ser proactivo porque llegaría demasiado tarde a todo.

El fenómeno de la inferencia cortical consiste en predecir algo para adelantarse a una situación que aun no se ha producido. Es posible gracias a una determinada arquitectura biológica que se nutre de la pre-alimentación (feed-forward), un tipo de sistema que reacciona a los cambios del entorno. Trasladado a comportamientos observables, las personas con gran empatía, es decir, aquellas que son capaces de ponerse en la piel de los demás, han desarrollado mucho los mecanismos de la atención y son capaces de interpretar la realidad más allá de la escueta información que le trasladan sus sentidos. Por esa razón, suelen estar dotadas también de una gran capacidad predictiva.

Nunca como en la actualidad, en estos tiempos acelerados y ultra flexibles, la capacidad precognitiva ha resultado tan vital para la subsistencia. El ser humano precisa adaptarse a toda velocidad a condiciones que cambian de la noche a la mañana. Necesita maleabilidad y anticipación. En este contexto, las personas precognitivas tienen una enorme ventaja. Porque cuando es casi imposible deducir lo que va a deparar el futuro, ninguna habilidad puede resultar más útil que la capacidad para asomarse a él con antelación.

Para ver el artículo haz click aquí: https://www.larazon.es/blogs/sociedad-y-medio-ambiente/biologia-de-la-normalidad/tu-cerebro-puede-predecir-el-futuro-ii-DM21780276

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Tu cerebro puede predecir el futuro (I)

Del Blog “Biología de la normalidad” de Fernando Botella, CEO de Think&Action

Quién no ha experimentado alguna vez la sensación de que algo está a punto de suceder? Nada parece indicarlo ni hay motivos objetivos a la vista que adviertan de la proximidad de ningún suceso, pero, aun así, tenemos la casi certeza de que algo, bueno o malo, se cierne sobre nosotros de manera inminente como un águila a punto de lanzarse en picado sobre su almuerzo. Se trata de una fugaz visión que hace que fijemos nuestra atención en algo que no ha sucedido todavía y que quizá no llegue a suceder nunca.

Hay muchas formas de llamar a este fenómeno: presentimiento, pálpito, corazonada… Y es sintomático que casi todas ellas estén de algún modo relacionadas con el plano emocional. En su acepción médica, un pálpito hace referencia a un incremento en la velocidad del latido del corazón. Un suceso que nos excita o una situación de tensión provocan que aumenta la presión sanguínea y se nos acelere el pulso. Y eso es exactamente lo que nos sucede cuando salta en nuestro interior esa especie de señal de alarma procedente del futuro. Porque, a diferencia de la intuición, que puede referirse también a un acontecimiento del pasado o del presente, el presentimiento se proyecta siempre en lo que está por acontecer, y eso lo convierte en un fenómeno aun más fascinante.

Probablemente la palabra más poderosa para referirse a este tipo de fenómenos sea premonición. Una premonición es la capacidad para percibir algo que no es visible todavía. En otras palabras, las premoniciones pertenecen al ámbito extrasensorial, terreno siempre resbaladizo a la hora de buscar explicaciones racionales. De hecho, ni la ciencia ni el mundo de lo paranormal acaban de echarle el guante a esta rara capacidad que nos pone en guardia frente a posibles sucesos venideros. Las premoniciones son un misterio de principio a fin, y en realidad aun no sabemos a ciencia cierta si su razón de ser se fundamenta en la causalidad –adivinamos porque acumulamos conocimiento y esto nos permite proyectar relaciones causa/efecto- o si son un mero producto del azar.

Y ya sabemos que nada resulta más atrayente para la ciencia que los misterios. Los científicos se han afanado en tratar de domar a los presentimientos, intentando explicar sus causas y mecanismos. Una de las teorías que se han lanzado en este sentido intenta ligar los pálpitos o corazonadas al subconsciente. Su argumento es el siguiente: mientras que el mundo consciente se desarrolla en una línea temporal perfectamente delimitada, nuestro yo inconsciente habita una dimensión ajena a cualquier cuadro de tiempo. Esta es la razón por la que dentro de esa esfera el futuro puede presentársenos en cualquier momento y forma.

Otros estudios localizan esa capacidad para anticipar el futuro en el lóbulo frontal derecho del cerebro, hogar de la creatividad. Se cree, de hecho, que las premoniciones son más frecuentes y fecundas en las personas creativas. Al fin y al cabo, la creatividad no es otra cosa que la capacidad para ver la realidad de manera desacostumbrada para así generar múltiples alternativas. Por eso las premoniciones tienen mucho que ver con las fantasías, con cosas que podrían suceder aunque no tengamos la seguridad de que eso vaya a ser así. En la literatura y el cine las premoniciones suelen asociarse a brujos y chamanes. No es raro, puesto que lo que hace a una persona candidata a experimentar estas visiones es su capacidad para ver realidades que para otros pasan inadvertidas. Sin embargo, sus sueños no tienen nada que ver con pócimas humeantes o danzas rituales, sino con una manera de pensar “fuera de la caja” que les permite anticipar caminos alternativos para interpretar una misma realidad. No son magos, son “precogniscentes”. Aunque eso es algo que veremos en la segunda parte de este post.

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Por unas Navidades razonables

Del Blog “Biología de la normalidad” de Fernando Botella, CEO de Think&Action

Ya están aquí las Navidades, un periodo del año que inevitablemente afecta a nuestro estado de ánimo y a nuestro comportamiento. Esto es debido, fundamentalmente, a la enorme cantidad de condicionantes culturales que lleva asociada esta festividad. Familia, religión, tradición, consumo, celebraciones, vacaciones y sensación de cambio de ciclo, todo ello en grandes cantidades y concentrado en un espacio de tiempo unas pocas semanas. Este potente mix es el caldo de cultivo perfecto para desequilibrarnos emocionalmente, hasta el punto de que muchos lleguen a no reconocerse a si mismos. Como si el efecto de los villancicos y las luces del árbol nos trastornara de tal manera que dejáramos transitoriamente de ser esas personas sensatas que acostumbramos a ser durante el resto del año para dar rienda suelta a todo tipo de excesos.

Quizá lo primero que deberíamos hacer antes de afrontar estas festividades es preguntarnos qué significado tienen para nosotros y cómo queremos vivir este periodo de tiempo. Tomadas en su sentido etimológico, es decir, como un renacer continuo (“Navidad” en latín significa “nacimiento”), puede ser algo realmente reparador, un momento en el que hacer balance, contextualizar y volver la mirada hacia las cosas realmente importantes de la vida. Así vistas, las Navidades pueden ser algo estupendo. Pero si las vivimos del modo en que la sociedad de consumo las ha acabado convirtiendo, una imposición consumista y propicia para cometer excesos de todo tipo, eso ya es distinto.

Una de las características más peligrosas de las Navidades es que es un periodo de tiempo en el que cual somos más laxos en la revisión de nuestras propias decisiones, especialmente con todas aquellas que están relacionadas con el consumo. La compra por impulso hace acto de presencia de un modo mucho más acusado que en otros momentos del año, llegando a tomar el control de nuestros movimientos. Somos indulgentes con nuestros errores y tendemos a extralimitarnos incluso en aquellos acontecimientos sociales sobrevenidos o de compromiso (por ejemplo, la cena de la empresa). Es como si dejáramos a de vigilarnos a nosotros mismos y aprovecháramos esa dispensa temporal para campar a nuestras anchas.

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FELICES MOMENTOS LLENOS DE VIDA, EN ESTAS FIESTAS NAVIDEÑAS Y SIEMPRE… RECIBAMOS EL 2019 CON LOS BRAZOS ABIERTOS

Equipo de Think&Action

Esperamos que mientras estés leyendo este mensaje te acompañe una gran sonrisa y  estés preparad@ para disfrutar todas las cosas buenas que tienes a tu alrededor.

Hoy queremos darte las GRACIAS en forma de mensaje Navideño:

·       Gracias por hacernos formar parte de vuestro viaje y hacerle nuestro…
·       Gracias por permitirnos asumir nuevos retos cada día junto a vosotros…
·       Gracias por haberos interesado en algún momento por alguna actividad de las que llevamos a cabo en Think&Action
·       Gracias por perdonarnos si algo no salió como esperabais…
·       Gracias por dejarnos crecer y superarnos cada día…Aprovechamos para desearte unas felices fiestas y sobre todo mandarte nuestros mejores deseos para el 2019.

Que tengas un año realmente bonito, lleno de nuevos retos y de momentos llenos de VIDA.Si te encuentras con adversidades, que tengas la fuerza e ilusión necesarias para enfrentarte a ellas y que consigas superar todos tus retos personales y profesionales.

Recibe el 2019 con los brazos abiertos y vive con PASIÓN todo lo que hagas…

Puedes elegir sentirte un desgraciad@, seguro que tienes tus motivos para pensarlo…Pero también está en tu mano elegir sentirte afortunado por todo lo que vive en TI…

Felices Fiestas, Felices Momentos

¡¡Seguiremos JUNTOS dando lo mejor de nosotros!!
Muchas graciass

Un abrazo de todo el equipo de Think&Action

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¿ Eres de los que saltan en la grada nada más empezar el partido o de los que esperan a que haya un buen resultado para saltar?

Estela Sánchez, Directora Ejecutiva de cuentas 

Esta semana tuve la oportunidad de ir a un partido de futbol de los de “verdad”…

¡¡A mi que no me gusta nada el fútbol!!

 Pero me pareció una experiencia bonita para vivir en familia…¡¡Y así fue!!

Estuve realmente emocionada durante todo el partido…

Pude observar de forma curiosa como el “equipo contrario” animaba sin descanso a su equipo, saltando todos juntos y cantando sin parar…¡¡Todo era alegría!!

Yo personalmente estaba más contagiada por toda esa energía que por la “nuestra” que  apenas decíamos nada, y eso que estábamos en “nuestra casa”

¿Sabéis quien ganó?

El equipo que tanto animaba y que no perdió la energía desde que comenzó hasta que acabó el partido, sin descanso.

¿Nos sentimos así con nuestros equipos?

¿Hacemos nosotros que “los que están jugando“ se sientan tan poderosos que ejecuten con éxito sus proyectos?

Ahora más que nunca, son cruciales las conversaciones con los demás y la integracióncon todos y cada uno de los miembros de una organización…

Si queremos “ganar”, cada uno debe hacer su papel de forma excelente para que TODOS GANEMOS

Estoy segura de que ese día, la “grada saltarina” siguió saltando y celebrando mucho después, porque se sintió parte de ese resultado…¡¡Y es que realemente lo fue!!

En Think&Action ayudamos a la integración y cohesión de los equipos

La transformación no es un evento, es un camino…

Y para tener éxito tenemos que hacerle TODOS JUNTOS.

¿Te sientes de los que saltan en la grada nada más empezar el partido o de los que esperan a que haya un buen resultado para saltar?

Yo quiero ser de los primeros…Cansa más, pero es mucho más gratificante y si me apuras, hasta más divertido…

¿Saltamos juntos?

Feliz día

¡¡Nos vemos pronto!!

Estela.

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“Aprenda a desaprender” (parte II)

Del Blog “Biología de la normalidad” de Fernando Botella, CEO de Think&Action

Desaprender se ha convertido en uno de los rasgos diferenciales en nuestros días. Una cualidad que abre muchas puertas en esta época de cambios permanentes y de volatilidad. Pero, ¿existe un perfil desaprendedor? ¿Cuáles son esas cualidades que definen al experto en desandar lo andado?

En primer lugar habría que señalar que el desaprendizaje está íntimamente relacionado con la cultura del esfuerzo. Esto quiere decir que las personas que practican esta revisión permanente de sus conocimientos saben aplazar la recompensa y tienen la capacidad de estar permanentemente abiertos a lo nuevo. Poseen disciplina de aprendizaje y son capaces de mantener el esfuerzo a lo largo del tiempo. De este modo no ven limitadas ni comprometidas sus posibilidades de futuro, sino que son capaces de adaptarse a los nuevos tiempos sin perder oportunidades.

Otra característica de estos “desaprendedores” es que son personas que viven en permanente un estado “wow” . Están predispuestos a dejarse sorprender porque no dan nada por sentado. Dan más importancia al proceso que a los resultados, al camino que a la meta. Y si se dan cuenta de que hay algo en el camino recorrido que les chirría, no tienen en problema en retroceder. Su carácter es más proclive a dar que a recibir. Son generosos con los demás y con ellos mismos. Y esa generosidad incluye indulgencia plena para aprender de cualquiera y en cualquier momento. Tienen una alta capacidad de observación y son unos maestros en el uso de las preguntasEn lugar del “tú te callas y me dejas hablar a mí”, su filosofía es más del “¿y tú qué opinas?”. Toleran el error y hasta lo alientan siempre que de él se pueda extraer algún aprendizaje. Potencian más las destrezas o habilidades que los conceptos. Son más flexibles que rígidos y viven alejados del prejuicio y del cliché.

Aprendizaje dinámico

Uno de los grandes desaprendedores de la historia fue Santiago Ramón y Cajal. Decía el Premio Nóbel de medicina que “los seres humanos somos arquitectos de nuestro propio cerebro”. Con estas palabras, Ramón y Cajal se estaba refiriendo claramente a la capacidad plástica de nuestro cerebro, a pesar de que la tecnología disponible en su época no le permitiera observarla científicamente aun. El Premio Nobel español nos estaba anticipando algo que hoy sabemos con certeza: la naturaleza dinámica del aprendizaje humano. Siempre puede ser revisado y reajustado. El aprendizaje en el ser humano es incompleto, tiene forma de espiral. A diferencia de otros monos de carácter antropomórfico, los humanos nacemos con una cabeza relativamente pequeña y somos, como consecuencia de ello, más inmaduros cerebralmente. Esta aparente desventaja en realidad es muy beneficiosa para el posterior desarrollo de nuestro cerebro, ya que favorece el surgimiento de innumerables redes neuronales en el mismo.

En los años 60 del siglo pasado, el neurocientífico Joseph Altman demostró que no es cierto el mito de que nacemos con un número finito de neuronas que van muriendo a medida que cumplimos años. Su teoría de la neurogénesis probó que las neuronas se van reponiendo y que nacen nuevas unidades también a lo largo de la vida adulta. Esa generación de nuevas neuronas se produce en dos áreas localizadas del cerebro: la zona subgranular delgiro dentadodelhipocampoy lazona subventricularde losventrículos laterales. La neurogénesis adulta es fundamental para el aprendizaje, ya que las nuevas neuronas se comunican con las ya existentes para producir nuevas conexiones y sentar las bases para nuevos aprendizajes. Este fenómeno es conocido como neuroplasticidad.

Hoy sabemos que las neuronas tienen la facultad de estar en permanente estado de reorganización. El cerebro se reestructura de forma continua a través de nuevas conexiones o sinapsis. Se establecen nuevos circuitos neuronales capaces de reorganizar la información. El ser humano desarrolla unos 85 millones de neuronas a lo largo de su vida. Pero el ser más inteligente del planeta no es aquel que genera mayor número de neuronas, sino aquel en cuyo cerebro se generan nuevas y diferentes conexiones.

Y en realidad, tiene mucho sentido. Porque en eta nueva era digital y global, las interconexiones, humanas o neuronales, lo son todo.

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¿Te cuidas por dentro o solo por fuera?

Estela Sánchez, Directora Ejecutiva de Cuentas en Think&Action

Ayer fui a varios eventos, uno de ellos fue de belleza.

Tenía curiosidad de saber como estaba organizado, si era tan bonito como me imaginaba y si podía aprender algo…

Al fin y al cabo nosotros en Think&Action nos dedicamos a aportar valor a las organizaciones generando experiencias que dejen huella en cada uno de los participantes…

Me llevé muchas sorpresas “y no todas buenas” que me hicieron reflexionar…

¿Por qué estamos más preocupados por nuestra belleza exterior que por nuestra belleza interior?

Ahora que está tan de moda el “détox” me pregunto…

¿Limpiamos nuestras emociones también o sólo nuestro cuerpo?

Cuando nuestra empresa nos propone una formación para ayudarnos a  mejorar nuestras habilidades, reciclarnos, aprender cosas nuevas…

¿Nos lo tomamos como un reto o como una “faena” porque nos da pereza?

Te guste o no, tu eres el protagonista del CAMBIO y tu decides si quieres ser el profesional que necesitan las empresas HOY o si prefieres cuidarte solo por fuera…

Que no te asusten palabras como LÍDER pues detrás, se encierran muchos básicos que son necesarios para tu vida, para ser una buena persona, para “ser ejemplo” y ayudar a que los demás también lo sean…

¡Para ser feliz, tanto en tu trabajo como en tu vida!

Mejora la escucha atenta, evita juicios, comunícate inspirando a los demás…

Y además, disfruta con ello…

Tu decides si te quieres cuidar SOLO por FUERA o también por DENTRO…

Feliz día

¡¡Nos vemos en el próximo evento!!