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“Aprenda a desaprender” (parte II)

Del Blog “Biología de la normalidad” de Fernando Botella, CEO de Think&Action

Desaprender se ha convertido en uno de los rasgos diferenciales en nuestros días. Una cualidad que abre muchas puertas en esta época de cambios permanentes y de volatilidad. Pero, ¿existe un perfil desaprendedor? ¿Cuáles son esas cualidades que definen al experto en desandar lo andado?

En primer lugar habría que señalar que el desaprendizaje está íntimamente relacionado con la cultura del esfuerzo. Esto quiere decir que las personas que practican esta revisión permanente de sus conocimientos saben aplazar la recompensa y tienen la capacidad de estar permanentemente abiertos a lo nuevo. Poseen disciplina de aprendizaje y son capaces de mantener el esfuerzo a lo largo del tiempo. De este modo no ven limitadas ni comprometidas sus posibilidades de futuro, sino que son capaces de adaptarse a los nuevos tiempos sin perder oportunidades.

Otra característica de estos “desaprendedores” es que son personas que viven en permanente un estado “wow” . Están predispuestos a dejarse sorprender porque no dan nada por sentado. Dan más importancia al proceso que a los resultados, al camino que a la meta. Y si se dan cuenta de que hay algo en el camino recorrido que les chirría, no tienen en problema en retroceder. Su carácter es más proclive a dar que a recibir. Son generosos con los demás y con ellos mismos. Y esa generosidad incluye indulgencia plena para aprender de cualquiera y en cualquier momento. Tienen una alta capacidad de observación y son unos maestros en el uso de las preguntasEn lugar del “tú te callas y me dejas hablar a mí”, su filosofía es más del “¿y tú qué opinas?”. Toleran el error y hasta lo alientan siempre que de él se pueda extraer algún aprendizaje. Potencian más las destrezas o habilidades que los conceptos. Son más flexibles que rígidos y viven alejados del prejuicio y del cliché.

Aprendizaje dinámico

Uno de los grandes desaprendedores de la historia fue Santiago Ramón y Cajal. Decía el Premio Nóbel de medicina que “los seres humanos somos arquitectos de nuestro propio cerebro”. Con estas palabras, Ramón y Cajal se estaba refiriendo claramente a la capacidad plástica de nuestro cerebro, a pesar de que la tecnología disponible en su época no le permitiera observarla científicamente aun. El Premio Nobel español nos estaba anticipando algo que hoy sabemos con certeza: la naturaleza dinámica del aprendizaje humano. Siempre puede ser revisado y reajustado. El aprendizaje en el ser humano es incompleto, tiene forma de espiral. A diferencia de otros monos de carácter antropomórfico, los humanos nacemos con una cabeza relativamente pequeña y somos, como consecuencia de ello, más inmaduros cerebralmente. Esta aparente desventaja en realidad es muy beneficiosa para el posterior desarrollo de nuestro cerebro, ya que favorece el surgimiento de innumerables redes neuronales en el mismo.

En los años 60 del siglo pasado, el neurocientífico Joseph Altman demostró que no es cierto el mito de que nacemos con un número finito de neuronas que van muriendo a medida que cumplimos años. Su teoría de la neurogénesis probó que las neuronas se van reponiendo y que nacen nuevas unidades también a lo largo de la vida adulta. Esa generación de nuevas neuronas se produce en dos áreas localizadas del cerebro: la zona subgranular delgiro dentadodelhipocampoy lazona subventricularde losventrículos laterales. La neurogénesis adulta es fundamental para el aprendizaje, ya que las nuevas neuronas se comunican con las ya existentes para producir nuevas conexiones y sentar las bases para nuevos aprendizajes. Este fenómeno es conocido como neuroplasticidad.

Hoy sabemos que las neuronas tienen la facultad de estar en permanente estado de reorganización. El cerebro se reestructura de forma continua a través de nuevas conexiones o sinapsis. Se establecen nuevos circuitos neuronales capaces de reorganizar la información. El ser humano desarrolla unos 85 millones de neuronas a lo largo de su vida. Pero el ser más inteligente del planeta no es aquel que genera mayor número de neuronas, sino aquel en cuyo cerebro se generan nuevas y diferentes conexiones.

Y en realidad, tiene mucho sentido. Porque en eta nueva era digital y global, las interconexiones, humanas o neuronales, lo son todo.

Para ver el artículo haz click aquí: https://www.larazon.es/blogs/sociedad-y-medio-ambiente/biologia-de-la-normalidad/aprenda-a-desaprender-parte-ii-CH20726884

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¿Te cuidas por dentro o solo por fuera?

Estela Sánchez, Directora Ejecutiva de Cuentas en Think&Action

Ayer fui a varios eventos, uno de ellos fue de belleza.

Tenía curiosidad de saber como estaba organizado, si era tan bonito como me imaginaba y si podía aprender algo…

Al fin y al cabo nosotros en Think&Action nos dedicamos a aportar valor a las organizaciones generando experiencias que dejen huella en cada uno de los participantes…

Me llevé muchas sorpresas “y no todas buenas” que me hicieron reflexionar…

¿Por qué estamos más preocupados por nuestra belleza exterior que por nuestra belleza interior?

Ahora que está tan de moda el “détox” me pregunto…

¿Limpiamos nuestras emociones también o sólo nuestro cuerpo?

Cuando nuestra empresa nos propone una formación para ayudarnos a  mejorar nuestras habilidades, reciclarnos, aprender cosas nuevas…

¿Nos lo tomamos como un reto o como una “faena” porque nos da pereza?

Te guste o no, tu eres el protagonista del CAMBIO y tu decides si quieres ser el profesional que necesitan las empresas HOY o si prefieres cuidarte solo por fuera…

Que no te asusten palabras como LÍDER pues detrás, se encierran muchos básicos que son necesarios para tu vida, para ser una buena persona, para “ser ejemplo” y ayudar a que los demás también lo sean…

¡Para ser feliz, tanto en tu trabajo como en tu vida!

Mejora la escucha atenta, evita juicios, comunícate inspirando a los demás…

Y además, disfruta con ello…

Tu decides si te quieres cuidar SOLO por FUERA o también por DENTRO…

Feliz día

¡¡Nos vemos en el próximo evento!!

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La tarara si, la tarara no…

Estela Sánchez, Directora Ejecutiva de Cuentas en Think&Action 

Me pasa solo a mi o, ¿¿ tu también estás cansad@ de tanto Black??

Para mi hoy es un día lleno de color, nada de negro, y no es porque sea Viernes, sino porque he disfrutado de una semana interesante llena de muchos aprendizajes y me noto hinchada…

Hinchada pero no de kilos (O eso espero…), sino de conocimientos, pensamientos, sentimientos y muchas dudas y reflexiones conmigo misma.

He conocido a gente muy diversa y con formas de pensar muy diferentes…Como cada semana. Afortunadamente nuestro día a día en Think&Action es ese, compartir muchos momentos con personas de muy diversa índole y disfrutar de ello.

Eventos en torno a la ( “como no”) Transformación Digital. Eventos organizados por Think&Action y otros como invitada.

La transformación no es una moda, es una constante de nuestro día a día…Como dice Fernando Botella en su libro Bienvenidos a la Revolución 4.0, citando a Jorge Dexler, “Nada se pierde, Todo se transforma”.

Y nosotros no vamos a ser menos…

Si hay que transformarse, ¡¡nos transformaremos!! …¿O no?

Pero por favor, explicarnos que vamos a ganar nosotros con ello.

No nos deis herramientas tecnológicas de última generación sin contarnos “para qué” sirven y sobre todo, en que me van a hacer la vida más fácil…Porque si no, igual ni las uso…Puede que entre a cotillear, porque la curiosidad forma parte de mi, pero luego, ni vuelva a entrar al no ser que me obligues, y quizá, ni por esas…¿NO crees?

Parece muy obvio y fácil de entender, pero…

¿Se hace de verdad? ¿Estamos las empresas haciéndolo bien?

¿Dedicamos tiempo a explicar ese para qué?

¿Damos espacio a escuchar de verdad?

¿Dedicamos tiempo a eliminar los miedos y a despejar las inquietudes de la gente?

No sirve con saberlo, hay que HACERLO, y no de cualquier manera…

HACERLO BIEN.

No empecemos la casa por el tejado y forjemos unos buenos cimientos…

Pregunta a tus colaboradores, haz workshops con gente de diferentes generaciones, con diferentes funciones, de lo más diversa posible, en los que de una forma ordenada y con metodologías apropiadas para ello, puedas obtener la información que necesitas…

Y después de analizar el resultado…¡¡Ponte manos a la obra!!

Si de verdad piensas que la persona está en el centro…¿Por qué no lo demuestras?

Besos y feliz díaaaa (o noche)

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“Aprenda a desaprender” (parte I)

Del Blog “Biología de la normalidad” de Fernando Botella, CEO de Think&Action

Un famoso maestro lanzó un reto a un joven que le había podido convertirse en su discípulo. Le formularía una pregunta, y si conseguía responderla correctamente, él accedería a convertirse en su maestro en el plazo de tres años. A pesar de que tres años se antojaba una espera demasiado larga, el aspirante estaba tan ansioso por acceder a los conocimientos de aquel gran sabio que se afanó en encontrar la respuesta hasta que logró dar con ella. Entonces el maestro le dijo: “tu respuesta es correcta, vuelve dentro de tres años”. Transcurrido ese tiempo, al discípulo aventajado se le ocurrió preguntar a su mentor qué habría ocurrido de no haber encontrado la respuesta. Este le miró y le dijo: “que te habría admitido como discípulo al instante”.

La moraleja que podemos extraer de este pequeño cuento es simple: para asumir enseñanzas nuevas antes es necesario aclarar la mente y dejar espacio libre para lo nuevo. En plena Era VUCA, la historia del maestro y sus resabiados discípulos es especialmente pertinente. Porque la cantidad de información que pasa hoy por nuestra mente excede con mucho nuestra capacidad para procesarla. O, al menos, excede la capacidad a la que estamos acostumbrados a procesarla. Y no se trata de una simple cuestión de volumen. La velocidad con la que se actualizan los conocimientos, en la que por la tarde surgen novedades que dejan obsoletas a las que aprendimos por la mañana, nos obliga a gestionar el conocimiento que almacenamos en ese prodigioso (pero limitado) disco duro al que llamamos “cerebro” de una forma nunca vista hasta la fecha. Algunos hablan de la capacidad de “desaprender” lo aprendido como la gran cualidad intelectual de esta Era tecnológica. De la necesidad de transformar nuestra mente en un órgano flexible, sujeto a constantes revisiones, sin atarse a dogmas o tradiciones. De convertirse en un órgano líquido. Conviene, sin embargo, comentar algunos aspectos acerca del concepto de “desaprendizaje”.

En primer lugar hay que aclarar que, aunque etimológicamente pueda parecerlo, “desaprender” no es lo contrario de “aprender”. Uno no puede formatear el cerebro. Es imposible. No existe ese botón que simplemente borre lo sobrante o lo inservible para dejar vía libre a lo nuevo. El cerebro no funciona a sí. Lo que hemos aprendido es inmutable, se queda con nosotros para siempre. Por eso, desaprender tiene más que ver con replantarse lo ya aprendido, con mirarlo de otra manera y desde otro punto de vista. Pero teniendo claro que lo nuevo no elimina lo antiguo. Lo que sí es posible es superponerlo, darle mayor peso e importancia para que nuestro cerebro lo seleccione por encima de aquello que ya no nos es útil.

En realidad el problema no está en aquello que ya sabemos, sino en darnos el permiso para cuestionarnos esos conocimientos e, incluso, para dejar de creer en ellos. Desaprender es precisamente plantearse de forma crítica lo que uno sabe. La primera ventaja de este enfoque es que nos pone alerta y nos hace conscientes de que lo que antes nos funcionaba es posible que haya dejado de funcionar, y que, por tanto, deberemos apartarlo y considerar otras opciones. Esa es la clave. Incorporar nuevas opciones. Porque hacer las cosas diferentes solo porque está de moda o porque queda bien no es desaprender. Todo desaprendizaje implica un nuevo aprendizaje. Ya que lo contrario sería como poner una venda en la herida sin curarla antes. Al desaprender estamos curando la herida.

Radiografía del “desaprendedor”

¿Y cómo son estos “desaprendedores”? El desaprendizaje está íntimamente relacionado con la cultura del esfuerzo. Esto quiere decir que las personas que desaprenden saben aplazar la recompensa y tienen la capacidad de estar permanentemente abiertos a lo nuevo. Poseen disciplina de aprendizaje y son capaces de mantener el esfuerzo a lo largo del tiempo. De este modo no ven limitadas ni comprometidas sus posibilidades de futuro, sino que son capaces de adaptarse a los nuevos tiempos sin perder oportunidades.

Otra característica de estos “desaprendedores” es que son personas que viven en permanente un estado “wow” . Están predispuestos a dejarse sorprender porque no dan nada por sentado. Dan más importancia al proceso que a los resultados, al camino que a la meta. Y si se dan cuenta de que hay algo en el camino recorrido que les chirría, no tienen en problema en retroceder. Su carácter es más proclive a dar que a recibir. Son generosos con los demás y con ellos mismos. Y esa generosidad incluye indulgencia plena para aprender de cualquiera y en cualquier momento. Tienen una alta capacidad de observación y son unos maestros en el uso de las preguntas. En lugar del “tú te callas y me dejas hablar a mí”, su filosofía es más del “¿y tú qué opinas?”. Toleran el error y hasta lo alientan siempre que de él se pueda extraer algún aprendizaje. Potencian más las destrezas o habilidades que los conceptos. Son más flexibles que rígidos y viven alejados del prejuicio y del cliché.

Aprendizaje dinámico

“Los seres humanos somos arquitectos de nuestro propio cerebro”, decía Santiago Ramón y Cajal, quien ya se estaba refiriendo claramente a esa capacidad plástica de nuestro cerebro a pesar de que la tecnología disponible en su época no le permitiera observarla científicamente aun. El Premio Nobel español nos estaba anticipando algo que hoy sabemos con certeza: la naturaleza dinámica del aprendizaje humano. Siempre puede ser revisado y reajustado. El aprendizaje en el ser humano es incompleto, tiene forma de espiral. A diferencia de otros monos de carácter antropomórfico, los humanos nacemos con una cabeza relativamente pequeña y somos, como consecuencia de ello, más inmaduros cerebralmente. Esta aparente desventaja en realidad es muy beneficiosa para el posterior desarrollo de nuestro cerebro, ya que favorece el surgimiento de innumerables redes neuronales en el mismo.

En los años 60 del siglo pasado, el neurocientífico Joseph Altman demostró que no es cierto el mito de que nacemos con un número finito de neuronas que van muriendo a medida que cumplimos años. Su teoría de la neurogénesis probó que las neuronas se van reponiendo y que nacen nuevas unidades también a lo largo de la vida adulta. Esa generación de nuevas neuronas se produce en dos áreas localizadas del cerebro: la zona subgranular del giro dentado del hipocampo y la zona subventricular de los ventrículos laterales. La neurogénesis adulta es fundamental para el aprendizaje, ya que las nuevas neuronas se comunican con las ya existentes para producir nuevas conexiones y sentar las bases para nuevos aprendizajes. Este fenómeno es conocido como neuroplasticidad. Hoy sabemos que las neuronas tienen la facultad de estar en permanente estado de reorganización. El cerebro se reestructura de forma continua a través de nuevas conexiones o sinapsis. Se establecen nuevos circuitos neuronales capaces de reorganizar la información. El ser humano desarrolla unos 85 millones de neuronas a lo largo de su vida. Pero el ser más inteligente del planeta no es aquel que genera mayor número de neuronas, sino aquel en cuyo cerebro se generan nuevas y diferentes conexiones.

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Intuición vs. Razón (segunda parte)

Del Blog “Biología de la normalidad” de Fernando Botella, CEO de Think&Action

La intuición ha sido denostada por los científicos durante siglos. Tradicionalmente, desde los ámbitos académicos se ha asociado a esta cualidad con una serie de connotaciones peyorativas que han tratado de desprestigiarla como capacidad humana. Frente a la idolatrada y respetadísima razón, a la intuición se la ha tachado de pseudociencia, de superstición y hasta de fraude. Como si la intuición no tuviera nada que ver con la inteligencia humana. En ese afán por deslucirla, incluso se le ha dado una maliciosa intención machista: se hablaba de la “intuición femenina”.

Hoy, en cambio, sabemos que la intuición es una cualidad plenamente intelectual. Está basada en una serie de mecanismos biológicos que son capaces de activar todos los sentidos: desde el tacto hasta la vista. Produce en ellos una especie de despertar que les lleva a manejar nuestro inconsciente, esa suerte de biblioteca emocional en la que vamos archivando conocimiento y experiencias pasadas.

Esta memoria emocional profunda se encuentra ubicada en ambos hemisferios, principalmente en el lóbulo prefrontal y en unas áreas muy concretas del sistema límbico: el llamado cerebro emocional límbico. Se trata de una pequeña estructura, llamada amígdala cerebral, de capital importancia para la vida. La amígdala es el órgano que guarda nuestras emociones más antiguas a lo largo de nuestro aprendizaje. Es la responsable de monitorizar la intuición y de hacerla saltar como resorte cuando se dan determinadas circunstancias.

Así considerada, la intuición es una especie de estado de preaviso que nos advierte de lo que podría llegar a suceder a partir de información almacenada en el inconsciente sobre las experiencias que hemos tenido a lo largo de nuestra vida. Cuando la amígdala se activa, se despiertan los sentidos y somos capaces de evaluar de una forma instantánea cuál es la mejor decisión a tomar aunque no contemos con todas las evidencias para respaldarla. Cuando no hay tiempo para activar la razón, la intuición acude a nuestro rescate. Gracias a ella, somos capaces de hacer una valoración automática de la situación y dar una respuesta inmediata. Es la responsable de que en nuestra mente salten una serie de palabras y frases cortas pero muy poderosas. La intuición nos grita cosas como “!Peligro! ¡Hazlo! ¡No sigas por ahí!

Esa inmediatez le ha costado buena parte de su mala fama. Porque parece que no puede haber ciencia allí dónde no hay espacio para la reflexión. Pero en realidad, la intuición no hace otra cosa que seguir los caminos recorridos por el método científico. El sistema de hipótesis que caracteriza las investigaciones, por ejemplo, parte de un planteamiento puramente intuitivo, de la pregunta “¿y si…? A partir de esa pregunta fundamental, el método científico se esmerará en buscar las respuestas y los argumentos racionales pertinentes. Pero todo nace de una chispa, de una “intuición” de un investigador curioso.

El funcionamiento de la inteligencia intuitiva responde a un proceso neurobiológico complejo que hoy la neurociencia sigue tratando de desmarañar. Lo cierto es que no conocemos demasiado aún sobre este proceso ni sobre su localización exacta. Se sabe que en él participan la consciencia y la inconsciencia, pero no mucho más. Sí se ha observado, por ejemplo, que incluso en los estudios prenatales ya se observan decisiones en el útero relacionadas con el pensamiento intuitivo.

En cierto modo, la intuición puede ser vista como la herramienta humana que conecta lo aparentemente irracional con lo racional. Es esa primera chispa irracional e inexplicable que pone en marcha los mecanismos para que el cerebro humano busque los argumentos lógicos que den sentido a ese pálpito inicial. Es algo que ocurre en milésimas de segundo. Esta chispa es absolutamente necesaria para activar muchos de los procesos de razonamiento lógico, hasta el punto que muchas veces determina el camino a seguir y nos hace quedarnos con la primera idea que cruza nuestra mente. Esa elección a veces nos salva la vida, pero también presenta inconvenientes; elegir esa primera idea nos puede llevar a desechar otras igualmente válidas.

Así pues la intuición resulta básica para el ser humano. La buena noticia es que la inteligencia intuitiva se puede entrenar. Entrenar el pensamiento disruptivo y creativo implica alejarse un poco del pensamiento lógico. De este modo, se abren por así decirlo, nuevos caminos de pensamiento, dotando al cerebro de nuevas y ricas alternativas de respuesta ante los retos de la vida

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Intuición vs. Razón (primera parte)

Del Blog “Biología de la normalidad” de Fernando Botella, CEO de Think&Action

“El corazón tiene razones que la razón no entiende, dijo en la que es probablemente su frase más conocida (de hecho, la frase pasó a la posteridad postergando al olvido a su autor) el filósofo francés del Siglo XVII Blaise Pascal. Dos siglos después Albert Einstein abundó en esa dicotomía al afirmar: “La mente intuitiva es un regalo sagrado y la mente racional es un fiel sirviente. Hemos creado una sociedad que rinde honores al sirviente y ha olvidado al regalo”. Estas dos citas ejemplifican a la perfección la vieja pugna entre razón e intuición como esos contrapesos que determinan la toma de decisiones de los seres humanos. Con ellas, estos dos sabios adoptan una clara posición reivindicativa a favor de lo que uno llama “corazón” y el otro “razón intuitiva” sobre la pura reflexión cargada de razones.

No es casualidad que Pascal utilice la palabra “corazón” para referirse a esa parte más emocional de nuestro cerebro a la que a veces llamamos intuición. De hecho, muchos de las denominaciones que se usamos para referirnos a esta veta más irracional de nuestro pensamiento tienen una clara connotación física. Con frecuencia, cuando estamos a punto de seguir los dictados de nuestra mente intuitiva solemos decir cosas como que hemos tenido “una visión”, “un pálpito”, “un hormigueo”… O también que hemos tenido un “presentimiento”, una especie de aviso que nos llega desde nuestra parte más emocional.

Y es que históricamente se ha considerado la intuición como la capacidad más característica de los humanos, aquella que distinguía al homo sapiens del resto de los animales. Sin embargo, no ha sido hasta muy recientemente cuando la ciencia se ha interesado de verdad por esa parte de nuestra actividad cerebral. Tradicionalmente olvidada por los investigadores, se pensaba que la intuición era un asunto menor, asociado a creencias populares y meras supersticiones. A lo largo de la historia la sociedad y la ciencia siempre le han concedido una importancia superlativa al conocimiento cognitivo y se ha primado la inteligencia racional. Se desconfiaba de aquellas decisiones que no estuvieran suficientemente apoyadas en la lógica porque podrían contener errores. Por el contrario, una resolución basada en evidencias siempre tendría más posibilidades de resultar acertada. Esta creencia, fuertemente arraigada en la tradición científica, no es en absoluto falsa, pero sí es incompleta. Ahora sabemos que la intuición tiene un peso muy importante en la toma de cualquier decisión.

No podemos olvidar que la intuición ha sido nuestro principal aliado a lo largo de toda nuestra historia y que es, de hecho, la capacidad que nos ha permitido llegar hasta aquí hecho y ser lo que hoy somos. La intuición es el modelo inteligente que está relacionado con los procesamientos más primitivos y complejos desde el punto de vista biológico. El ser humano ha basado su supervivencia y progreso en su capacidad intuitiva. Es esa voz interior que te lleva a no meterte por un callejón oscuro de noche, o a rechazar una oferta de trabajo en el último momento aunque todo parecía estar correcto. Es un susurro en nuestro oído que avisa de que no deberíamos subirnos a un coche con esa persona hoy.

La intuición es, en definitiva, esa parte del conocimiento humano que no sigue un camino racional y que va más allá de una formulación lógica. Nos lleva a tomar decisiones con enorme convencimiento, aunque no somos capaces de verbalizar por qué. Se basa en reacciones emotivas no explicables. Pero esas reacciones no son cosa de magia ni responden a fenómenos paranormales. Se trata de un mecanismo cerebral, exactamente igual que lo es la razón. Un mecanismo que trataremos de explicar en un próximo post.

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En vacaciones, descarga las pilas

Fernando Botella, CEO de Think&Action

“Recargar las pilas”. Es uno de los mantras que más se escuchan por estas fechas en las que los españoles o bien ya estamos disfrutando de las vacaciones, o bien estamos descontando los días para comenzarlas. Necesitamos irnos de vacaciones porque nos sentimos agotados y sin energía, y pensamos que esos días de descanso nos servirán para volver a llenar ese tanque de gasolina al que hace tiempo se le encendió el piloto rojo de la reserva.

O no, porque en realidad lo que necesitamos es justamente lo contrario: vaciar el depósito, descargar la batería, agotar completamente las pilas. Y es que en esto de “desconectar” solemos incurrir en un error de concepto. Pensamos que nos vamos vacios, pero no es así. Nos vamos de vacaciones con la cabeza a tope y plenamente “conectados” con el trabajo. Estamos haciendo la maleta e, inconscientemente, junto a los bañadores y las sandalias estamos metiendo en ella también los problemas, los agobios, los jefes, los clientes…. Lo realmente difícil y lo que necesitamos es desprendernos de todos esos elementos, desenchufarnos. Así que nada de recargar las pilas, no. Porque cuando uno se va de vacaciones con todas  esas  preocupaciones bullendo en su cabeza no descansa. Lo que nos hace falta es dejar la batería a cero para que cuando la carguemos de nuevo esta alcance su máxima potencia de nuevo.

Biológicamente hablando, las vacaciones son imprescindibles. No son un capricho ni un premio, ni siquiera son un derecho laboral. Son absolutamente necesarias para la supervivencia. Sin descanso nuestro cuerpo y nuestra mente colapsan, dejan de funcionar adecuadamente. Dejarse atrapar por el puro placer de no hacer nada, por el lujo de estar ocioso, es difícil, pero también es una de las mejores terapias de recuperación a las que puede someterse el ser humano. Pero además del puro descanso, las vacaciones ofrecen otro tipo de ventajas que también nos ayudarán a retomar la actividad con buen talante  a nuestro regreso. Sin ir más lejos, nos permiten romper con la rutina, y esto hace que nuestra mente sea más curiosa. Como por arte de magia, aparecen nuevas ideas. Esta es la razón por la que los amantes de la escritura, de la pintura o de la música sean habitualmente más creativos y fecundos en época vacacional. Y esto no solo es aplicable al entrono artístico o de mero hobby. También a nivel profesional y empresarial es muy frecuente que las mejores ideas de modelos de negocio, de cambios de estrategia o de planes de marketing aparezcan justamente cuando sus creadores se encuentran a muchos kilómetros de la oficina, tumbados al sol sobre una hamaca o realizando una senda por la montaña.

Seis tips para desconectar

1) Deja las cosas atadas. En los días previos al arranque de tus vacaciones procura dejar temas zanjados, en la medida de lo posible. Dejar asuntos terminados o, por lo menos, con fases completadas que puedan ser luego fácilmente retomadas, nos brinda sensación de control, y el control nos da satisfacción y nos permite marcharnos más relajados y sin sentimiento de culpa.

2) Intenta que las vacaciones sean una colección de momentos compartidos. Con nuevas personas y nuevos lugares. Las vacaciones vividas como un momento social te alejan de la rutina y te hacen experimentar nuevas sensaciones.

3) No planifiques. O, al menos, no más de la cuenta. Por supuesto podrás (y deberás) reservar con antelación una noche para ir a ese restaurante al que tantas ganas tienes de ir, o para hacer esa excusión pendiente, pero dejando siempre espacio para la improvisación. Evita que tus vacaciones  no se conviertan en un calendario de tareas programadas. Porque para eso, ya está tu trabajo.

4) Haz un pacto con la tecnología. Esto no significa jubilar el teléfono móvil durante un mes, significa utilizarlo con sentido común para no pasarnos el día pendientes de él. Un buen método es resérvate un espacio fijo del día (pongamos que entre 10 y 10´15 de la mañana o la franja que mejor te encaje) para consultar esos correos electrónicos personales o de trabajo que no quieres dejar completamente desatendidos.

5) Cuida tu salud física y mental.  Duerme mucho, come sano, haz deporte… Y lee. Pero no cosas que tengan que ver con tu trabajo, sino sobre temas distintos que te abran la mente y  te saquen de lo cotidiano.

6) Disfruta de lo sencillo. Es el momento de bajar las expectativas y de poner las cosas en perspectiva. Una puesta de sol, una copa de vino en buena compañía, una novela interesante, una siesta en una hamaca… Disfruta del momento y que cada momento sea importante. Sin prisa. La vida son momentos y en vacaciones más.

 

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BIENVENIDOS A LA REVOLUCIÓN 4.0

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Bienvenidos_a_la_revolución_4.0

Este libro nos guía con un lenguaje sencillo y sin tecnicismos, desde el pasado hacia el futuro, desde la antropología hacia la singularidad tecnológica. En un mundo tan cambiante debemos ser proactivos para visualizar los grandes desafíos y oportunidades de los próximos años y décadas. El nuevo modelo de sociedad y de empresa que nos espera nos exigirá un nuevo modo de pensar y de comportarnos. Debemos ponderar mucho más el valor de la creatividad y procurar entendernos socialmente con nuestro entorno de una forma diferente. Para poder ir por delante, debemos mirar la realidad de una forma desacostumbrada.

Recuerda que lo que está sucediendo ahora no es totalmente nuevo: ya se repitió en el pasado. Sólo es nuevo para nosotros. El pasado reciente ya es historia, el hoy es asombroso, aprovechémoslo, que por eso se llama presente. Pero, eso sí, hagámoslo bien, sabiendo el alcance de lo que nos espera.

 

 

 

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Imaginación al poder

Del Blog “Biología de la normalidad” de Fernando Botella, CEO de Think&Action

Se cuenta que en una misma habitación de hospital coincidieron dos enfermos. Uno de ellos ocupaba la cama más cercana a la única ventana de la estancia, mientras que el otro estaba en la más alejada, cerca de la puerta. Debido a su afección, este último debía permanecer postrado boca abajo y sin poder moverse de la mañana a la noche. Para hacer más llevaderas esas largas jornadas de total inmovilidad, su compañero de cuarto se asomaba a la ventana y le relataba con todo lujo de detalle cuanto se veía desde allí. Convertido en sus ojos, le describía el paisaje de un frondoso parque con un estanque en el centro, repleto de gente que paseaba, músicos y artistas callejeros, niños balanceándose en los columpios y perros correteando junto a sus dueños.

Una mañana el paciente próximo a la ventana ya no estaba. Su vecino preguntó por él y la enfermera le comunicó que había fallecido. Entristecido por la noticia, pidió le acercaran a la ventana. Como ya se encontraba un poco mejor, ya no tenía que permanecer boca abajo y pudo incorporarse sobre la cama. Se asomó para ver por sí mismo las maravillas que tan vívidamente le había descrito su antiguo compañero de habitación durante aquellas semanas. Con asombro, comprobó que lo único se veía en frente era un alto edificio y, abajo, un oscuro callejón. ¿Cómo es posible, le preguntó a la enfermera, y le contó acerca de aquellos relatos. Ella le dio una respuesta que le dejó todavía más sorprendido: su compañero no podía haber visto nada de aquello porque era ciego. Ambos enfermos habían creado sus propias imágenes, gracias a la imaginación. Y para ellos, eran tan reales, que aquellas imágenes existían.

Así de portentosa es la imaginación. La imaginación es el elemento más importante que distingue a los humanos de otros animales y uno de los dispositivos más poderosos con los que está equipado el pensamiento humano. Entre otras cosas, nos permite relacionar los objetos y las ideas en el espacio y en el tiempo. Si tengo que emprender un viaje, la imaginación es la herramienta que me va a permitir anticipar cuántas maletas voy a poder cargar en mi coche y de qué modo voy a disponerlas para que quepan en el maletero. La imaginación es lo que hace que a veces disfrutemos más planeando el viaje, anticipando las cosas que haremos y veremos allí, que en el propio viaje. Son bocetos de una realidad posible, pequeñas ilustraciones creadas en nuestra mente que incluyen momentos, imágenes, olores, sabores, objetos, etc.

Otra cualidad de la imaginación es su capacidad para generar fantasías que nos permitirán crear realidades paralelas. No únicamente como vía de evasión, sino, sobre todo, para abrir y entender nuevas posibilidades. Eso a lo que llamamos “sueños” no son otra cosa que escenarios deseados que se proyectan en un hipotético futuro a través de la imaginación. El primer paso para conseguir un objetivo es atreverse a imaginarlo. La imaginación nos permite ser más felices al trazar esas realidades ilusionantes, que luego se podrán convertir en realidad o no.

También esto es importante para directivos, ejecutivos, emprendedores, en el mundo empresarial, donde saber utilizar la imaginación permite crear nuevas posibilidades de futuro para nuestros clientes, reinventarse, desarrollar buenos modelos de liderazgo, gestionar mejor el equipo y ayudar en el desarrollo de los colaboradores.

Los investigadores italianos Eduardo Bisiach y Claudio Luzzatti estudiaron en Milán a numerosos pacientes que padecían el llamado síndrome de negligencia visual. Se trata de una afección, localizada en el lóbulo parietal derecho, que provoca que los ojos del paciente, pese a enfocar todo el campo de visión, sólo presten atención a la mitad derecha del mismo. Así, si se les pedía describir La Piazza del Duomo, sólo daban detalles acerca de los edificios situados en la parte derecha de su posición como observadores. Estos estudios y otros como los realizados por Kosslyn con positrones, demostraron que el cerebro visual se encuentra en el lóbulo parietal del cerebro. Y que ahí, está también, la sede de nuestra capacidad para imaginar.

La imaginación es una de las herramientas más poderosas con las que cuenta el ser humano, pues le permite viajar en el tiempo: hacer proyecciones de futuro, extraer aprendizajes del pasado y empatizar con los demás, “imaginar” lo que el otro puede estar sintiendo en el presente. Por último, dos cualidades muy humanas que nos brinda la imaginación: creatividad para ver la realidad de una manera desacostumbrada, y capacidad intuitiva para ver, anticipar, lo que todavía está por suceder.